—Comandante, ¿es cierto que estas personas discapacitadas los agredieron físicamente? —El micrófono casi le picaba el ojo al policía.
El comandante se acomodó el cuello del uniforme y puso su mejor cara de "servidor público ejemplar" para las cámaras.
—Tengan la seguridad de que llegaremos al fondo de esto y le daremos respuestas a la ciudadanía. —Alzó la voz a propósito—. ¡No importa quiénes sean, ante la ley todos somos iguales!
Los aspirantes rechazados empezaron a aplaudir y a gritar dándole la razón.
Otro candidato se acercó a las cámaras.
—¡Lo que queremos es acabar con estas injusticias! ¡Todos tenemos derecho a un trabajo digno, menos esos corruptos que usan palancas para robarse los subsidios!
Melisa miraba al comandante sin inmutarse. Sabía que todo era un circo armado para las cámaras; no importaba lo que dijera, la verdad iba a terminar manipulada.
Le extendió la carpeta que había sacado de su coche.
—Tal vez quiera echarle un ojo a esto antes de decidir si de verdad los va a arrestar.
El oficial tomó la carpeta, pero se la pasó sin mirar a uno de sus subordinados. El otro policía sacó unas esposas y la miró fijamente.
—Haga el favor de extender las manos. Cualquier cosa que tenga que decir, la dice en la delegación.
Melisa esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo y extendió las manos.
Cuando a ella y a los veteranos los subieron a las patrullas, la policía también se llevó a algunos de los candidatos alborotadores.
Como autora intelectual del caos, Verónica sintió una oleada de satisfacción al ver a Melisa arrestada. Pero al recordar que Melisa estaba respaldada por la familia Núñez, el miedo a las represalias se apoderó de ella. En lugar de ir a la delegación a dar su declaración, aprovechó el alboroto y se escabulló sin que nadie la viera.
Poco a poco, la multitud frente al hospital comenzó a dispersarse.
Por supuesto, varios medios, incluyendo El Diario Vespertino de Santa María, siguieron a las patrullas. El tema estaba que ardía y nadie quería perderse la primicia.
***
Esa noche, Leopoldo Núñez había mandado a preparar un banquete espectacular, todo para que su adorada nieta recuperara energías después de tanto trabajo. Estaba de tan buen humor que hasta se puso a platicar con el mayordomo.

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