—Ah, ellos también van a tierra firme cada cierto tiempo para ir a consulta, la verdad es que su reumatismo es bastante grave —dijo Melisa.
Dani se quedó en silencio un momento, sin saber qué decir. —¿Se supone que eso era un chiste?
Melisa estiró la mano y, con el dedo, le empujó la comisura de los labios, obligándolo a esbozar una sonrisa forzada.
—¿No te da risa? Aunque todo lo que dije es verdad —preguntó con inocencia.
—¿Debería preguntar cómo es que conoces a los piratas? —replicó Dani.
—Por el momento prefiero no contestar eso. —Melisa retiró la mano, tomó una galleta de la mesa y se la llevó a la boca—. Solo quiero dejarte claro que yo soy la persona ideal para esto.
En efecto, Dani no tenía forma de rebatirle.
Al final, lo único en lo que se mantuvo firme fue en una condición.
—Quiero tener acceso a tu ubicación y a tus signos vitales en todo momento.
—Me voy a implantar un chip de rastreo. Ahorita Hugo está vuelto loco, así que no se va a fijar en esos detallitos.
Esa operación era de máxima seguridad, por lo que Dani se presentó en la base militar como de costumbre.
Por otro lado, en el Hospital de los Santos, Melisa estaba sentada en la cama de una habitación. Frente a ella, Leonel Fabián trabajaba arduamente en la modificación de su rostro.
Leonel acomodaba la máscara con orgullo.
—Esta es mi creación más reciente, una silicona biológica que se adhiere perfecto a la cara. Checa si te gusta, jefa.
Le pasaron un espejo a Melisa. La máscara alteraba de forma magistral la altura de sus pómulos, la línea de la mandíbula y hasta la curva de la nariz.
Con la ayuda de un maquillaje de primer nivel, su rostro juvenil y bonito había sido reemplazado por el de una mujer madura, pálida, demacrada y con aspecto de estar crónicamente enferma. Unos pupilentes de un tono café oscuro ocultaban el brillo natural de sus ojos.
Le habían teñido el pelo de un tono cenizo reseco, recogido en un chongo desordenado.
Para alterar su complexión, Leonel le había colocado unas almohadillas de gel especiales en puntos clave, simulando la extrema delgadez y la ligera joroba propias de alguien que lleva años padeciendo enfermedades y desnutrición.
Y para rematar, le inyectó una sustancia que modificaba temporalmente el tono muscular, la temperatura y otros signos vitales, haciéndola lucir débil, sin fuerzas y con una respiración tan tenue que ni un médico experimentado podría descubrir el engaño sin usar aparatos. Hasta las huellas dactilares estaban cubiertas por una fina película que cambiaba su patrón.
—Nada mal —comentó Melisa.
En ese momento, Dafne entró en la habitación. Leonel terminó de recoger sus cosas y se despidió de ella con la mano.
—Ya me voy.
Al pasar junto a Dafne, sus dedos rozaron por inercia la bata blanca de la doctora, pero Melisa lo frenó en seco.
Por último, le pasaron un escáner por todo el cuerpo.
Melisa solo llevaba un diminuto localizador satelital implantado bajo la piel falsa, hecho de un material especial que burlaba los detectores.
—Para ser tu primera vez, no lo hiciste nada mal, Dafne —la felicitó uno de los hombres—. La donante está en perfectas condiciones, le avisaré a Hugo que el trato se cerró sin broncas.
Dafne esbozó una media sonrisa, sintiendo cómo el nudo en el estómago por fin desaparecía.
A partir de ese momento, no le quedó la menor duda de que Melisa tenía habilidades impresionantes.
Le inyectaron un sedante potentísimo a la señora.
Bajo los efectos del medicamento, la mirada de Melisa se nubló de inmediato, su cuerpo se aflojó y perdió el conocimiento por completo.
El camión dio de brincos todo el camino hasta detenerse en un muelle privado muy escondido.
Melisa, todavía medio sedada, fue subida a un barco carguero de tamaño mediano que no llamaba para nada la atención.
El barco era viejo y apestaba a una mezcla insoportable de aceite de motor y pescado. La encerraron en un cuartito en el fondo de la bodega, un lugar estrecho, oscuro y que olía a cloro y humedad. La puerta de metal quedó bien cerrada. Adentro solo había una cama de tablas duras y una cubeta para hacer sus necesidades.
Melisa se hizo un ovillo en la cama, fingiendo estar inconsciente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA