En este mundo, las mujeres que no se enamoraban de Dani tras conocerlo eran rarísimas. Obviamente, Dafne no era la excepción, pero en ese momento ni loca se atrevería a meterse con Melisa. No tenía oportunidad contra aquel «diablo» disfrazado ni estaba dispuesta a sufrir las consecuencias de traicionarla.
Como la familia Silva se había ido antes contra la Botica de los Santos, los farmacéuticos de ahí no entendían por qué diablos Melisa había puesto a una heredera de esa familia a cargo del hospital.
Ante las miradas llenas de dudas, Melisa se limitó a responderles con calma:
—Ya le bajé los humos a Dafne. No hará ninguna tontería, ni se atrevería a intentarlo; sabe muy bien cómo le iría si me traiciona. Así que trátenla simplemente como a una jefa más.
Desde que se enteró de cómo Hugo había engañado a Dafne, Melisa ya había trazado todos los movimientos del tablero hasta el final. Dafne era, sin duda, una doctora capaz; si se le ponía en su lugar, incluso un enemigo podía convertirse en un peón leal.
Las palabras de Melisa siempre daban en el clavo, así que los farmacéuticos no pusieron más peros.
Una vez resuelto ese problema, Melisa regresó a la mansión de los Núñez con toda la intención de dormir por días. Sin embargo, al pasar por la sala, Nicanor, que acababa de llegar de un viaje de negocios, la detuvo.
—Melisa.
Melisa se detuvo, dio media vuelta y asintió levemente.
—Hermano, ya regresaste.
—Si me tardaba más, seguro terminabas en Somalia jugando a los piratas.
Nicanor se levantó del sillón, caminó hacia ella y la barrió con la mirada de pies a cabeza.
La chica llevaba puesto un elegante vestido de punto de manga larga y una pinza de cristal en el cabello. Con ese maquillaje tan discreto, parecía la típica princesita consentida que nunca había roto un plato.
Con esa apariencia, a Nicanor le costaba mucho relacionarla con el «Médico Milagro», esa francotiradora imparable que había irrumpido en su mafia, asesinado al hijo del viejo jefe y acabado con múltiples enemigos ella sola.
Su hermana se veía completamente inofensiva, pero al recordar todo lo que había hecho, Nicanor endureció la mirada.
No iba a dejarse engañar por esa carita inocente; quería respuestas claras.
—¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?
Melisa sonrió levemente.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA