Al reaccionar, Teresa se dio cuenta de que Melisa venía del edificio administrativo.
—¿Fuiste a ver a mi tutor?
—Solo fui a pedir piso parejo para ti —Melisa la tomó de la mano y, ante las miradas de todos, se la llevó de la escuela y se subieron a su lujoso Lamborghini.
Teresa seguía sin entender.
—¿Cómo que piso parejo?
Melisa volteó a verla con una sonrisa.
—Volviendo a hacer el examen. La única diferencia es que esta vez, los que hicieron el chisme van a poner las preguntas.
Cuando Melisa había ido a la sala de juntas a ver al director Miranda y a los de la Secretaría, Eloísa también estaba ahí. Había puesto en juego su título de doctorado jurando que Teresa ya tenía las respuestas, y de paso, aprovechó que Melisa llegó para atacarla diciendo que en la preparatoria siempre había sido la peor y que solo había entrado a la universidad por las influencias de los Serrano.
El director Miranda intentó mediar:
—El asunto de la señorita Serrano y su familia ya salió hasta en las noticias. Sus calificaciones no eran tan malas, todo fue culpa de su hermanastra que se dedicó a sabotearla.
Eloísa soltó una carcajada burlona.
—Al final, ella era dueña de sus propias decisiones. Si tan mal la trataban los Serrano, con más razón debió ponerse a estudiar para salir de ahí. Lo que sale en internet son puros chismes a medias; quién sabe qué sea verdad.
En medio de la acalorada discusión, Melisa empezó a aplaudir lentamente y dijo con tono tranquilo:
—La doctora Villanueva tiene toda la razón. La forma más fácil de demostrar de qué estamos hechas, es haciendo el examen de nuevo.
Eloísa dio un respingo, volteó a verla y le contestó con sarcasmo:
—Aunque lo hagan mil veces, con todo el poder que tiene tu familia, seguro les consiguen las respuestas para ti y tu alumna estrella. El resultado va a ser el mismo.
Toda su vida había odiado a la gente que usaba sus palancas para pisotear a las personas que sí tenían talento.
Melisa le sonrió y lanzó su propuesta:
—¿Y por qué no redacta las preguntas usted misma junto con maestros de otras escuelas? Usted imprime y reparte las copias, manteniendo la misma dificultad de la clase de élite. Yo también haré el examen, y para que no haya quejas, actuaré como jueza y responderé a cualquier duda o debate que surja. ¿Le parece justo?
Eloísa no podía creer de dónde sacaba tanto descaro Melisa. Soltó una risa seca.
—Por mí no hay bronca, pero yo no tomo esas decisiones.
Melisa miró al director Miranda.


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