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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 327

Renato dio un breve resumen de la situación, centrándose en Yori: —Se dice que en los exámenes mensuales del Instituto Juan Pablo II, Yori acusó a su compañera Teresa de hacer trampa. Aseguró que la tutora de Teresa usó sus contactos para pasarle las respuestas, permitiéndole entrar en el top cincuenta de la generación. Ahora el asunto llegó a la Secretaría de Educación, y no hay pruebas reales de que la profesora Fiona o la alumna hayan copiado. ¿Cree que deberíamos ir a la escuela mañana para arreglar esto?

Dani, con el rostro inexpresivo, tomó un documento y lo hojeó.

—En el futuro, no me informes nada que tenga que ver con Melisa.

Renato se quedó sin palabras. ¡Él ni siquiera había mencionado a la doctora Milagro!

Echó un vistazo discreto al hombre frío sentado detrás del escritorio. No sabía qué había pasado, pero desde que el coronel regresó de entregar aquel regalo a la familia Núñez, había estado de un humor de perros, irradiando un aura tan helada que nadie se atrevía a acercársele.

Incluso un soldado despistado se atrevió a bromear preguntándole a Dani cómo iban las cosas con Melisa y para cuándo sería la boda. El resultado: lo mandó a correr veinte vueltas a la pista esa misma noche, dejándolo medio muerto de cansancio.

Renato lo pensó un par de veces antes de preguntar en voz baja:

—Entonces, ¿tampoco nos metemos con lo de Yori?

Dani esbozó una sonrisa de medio lado.

—¿Tú crees que Melisa es estúpida?

Renato gritó internamente: ¡Él siempre estuvo hablando de Yori! ¡De Yori! ¿Acaso los oídos del coronel Soto filtraban todo automáticamente para escuchar solo a la doctora Milagro?

A punto de volverse loco, Renato mantuvo una expresión respetuosa y dijo:

—Por supuesto que la doctora no es ninguna estúpida. Si sacó las peores calificaciones en la preparatoria, estoy seguro de que lo hizo por voluntad propia, para darle gusto a su familia.

Melisa siempre consentía a sus seres queridos sin límites, y eso también se notaba con la familia Núñez.

Si ella consideraba a alguien como parte de los suyos, lo defendería a capa y espada.

Dani, por supuesto, lo sabía. En ese momento sentía unos celos terribles de los Núñez. Ellos podían comer con ella, invitarla a salir cuando quisieran, irse de vacaciones y hacer cualquier cosa a su lado.

¿Y él? A la menor provocación, ella pintaba su raya. Incluso le había devuelto los regalos varias veces. Lo único que se quedó fue aquel vestido de alta costura, y solo porque él le pidió al vendedor que escribiera en una tarjeta que era una pieza hecha a la medida, exclusiva para ella, y que si no la aceptaba, terminaría en la basura.

Solo de pensarlo, el humor de Dani empeoró. Renato casi podía jurar que la temperatura en la oficina bajó de golpe.

Con el corazón acelerado, Renato pensó a toda prisa hasta que encontró una salida.

—Coronel, hace un par de días el director del Instituto Juan Pablo II mandó un correo a la base. Esperan que, después de los exámenes de los alumnos de último año, podamos colaborar para organizar una jornada de entrenamiento en nuestras instalaciones como parte de una actividad escolar.

—Manéjalo como siempre —respondió Dani con indiferencia.

[En relación a los recientes exámenes mensuales de los grupos de último año, la escuela, en coordinación con los profesores involucrados y la Secretaría de Educación, ha decidido llevar a cabo una evaluación pública de preguntas y respuestas hoy a las dos de la tarde en el auditorio del Instituto Juan Pablo II. Además de los profesores encargados de elaborar las pruebas, cualquier persona que tenga objeciones podrá participar. La dirección ya ha recibido todas las quejas, y al finalizar la evaluación, se aplicarán castigos severos conforme al reglamento si se comprueba alguna falta.]

Durante toda la mañana, los estudiantes no prestaron atención a las clases, ansiosos por que llegara la evaluación de la tarde.

Era la primera vez en la historia del Instituto Juan Pablo II que se investigaba un caso de trampa con este formato.

Esta vez no habría respuestas previas, así que, ¿cómo iba a copiar Teresa?

En cuanto sonó la campana, un grupo de alumnos ni siquiera se molestó en comer; compraron unos refrescos a las prisas y corrieron al auditorio para agarrar buen lugar.

Varios compañeros cercanos a Yori se sentaron juntos a platicar. De pronto, miraron hacia la chica sentada en la primera fila, frente a la mesa del jurado, y empezaron a murmurar.

—Dicen que esa tal señorita Serrano era la peor de su clase en la prepa. ¿También va a participar? Y hasta se sentó en primera fila.

Otro estudiante comentó:

—Escuché a un maestro decir que vino por su propia cuenta para comprobar qué tan difícil es el examen y que lo va a resolver en vivo.

—¿Ella? —chasqueó la lengua—. ¿O sea que en lugar de que solo una haga el ridículo, ahora van a ser dos?

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