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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 338

—Yo creo que, si lo va a ver, seguro hasta le regresa el apetito —el mayordomo se armó de valor, bajó la mirada y le devolvió las medicinas, hablando con tono suplicante—. Por favor, llévele usted la medicina y, de paso, un poco de comida. Se lo ruego.

Para demostrar que hablaba en serio, el hombre juntó las manos en un gesto de ruego.

Viéndolo así, a Melisa le dio pena decirle que no. Suspiró suavemente. —Está bien, yo voy.

Al mayordomo se le iluminó la cara. —Acaban de preparar una sopa en la cocina, acompáñeme.

En cuanto entraron a la cocina, le dio la orden al chef: —Sirve la sopa caliente de una vez para que la señorita Serrano se la lleve al joven Dani.

El chef se quedó sacado de onda. —¿Eh?

—¿Cómo que "eh"? Muévete, no te quedes ahí pasmado.

Desesperado, el mayordomo fue a destapar la olla él mismo. Al ver que solo quedaba un poco de caldo en el fondo y que la comida que estaba calentándose a un lado había desaparecido, se le endureció el rostro. —¿Y la comida?

El chef por fin reaccionó: —Se la acaba de llevar la señora, dijo que ella se la iba a entregar al joven Dani.

—¿La señora? —el mayordomo frunció el ceño—. ¿Hablas de Sofía?

El chef asintió con cara de inocente. —Sí. Últimamente se la pasa ayudando en la cocina. Cuando supo que el joven estaba enfermo quiso llevarle de comer. Le dije que no tenía hambre y que andaba de malas, pero se aferró a que tenía que comer algo y se llevó la bandeja.

Melisa intervino: —Bueno, si ya hay quien lo atienda, solo le dejo las medicinas y ya.

El mayordomo principal de la familia Soto no había llegado a ese puesto por casualidad; entendió el problema en cuanto ató cabos. Con solo pensarlo un segundo, supo que las cosas se iban a poner feas.

Al ver que Melisa ya iba subiendo las escaleras directo a la recámara principal, quiso detenerla, pero se dio cuenta de que cualquier cosa que dijera iba a empeorar la situación.

Si la detenía, era como admitir que estaba pasando algo raro allá arriba, y si la dejaba llegar, seguro iba a encontrar a Yori metida en el cuarto.

No era la primera vez que esa muchacha se pasaba de la raya, pero como tenía el escudo de ser la hija de quien les salvó la vida, nadie le podía decir nada.

En la recámara principal.

Las pesadas cortinas bloqueaban casi toda la luz; solo brillaba una lámpara tenue junto a la cama.

Dani estaba recargado en la cabecera. Tenía el cabello un poco húmedo por el sudor y el rostro sonrojado por la fiebre. Tenía los labios apretados y llevaba un antifaz para dormir. Al escuchar que abrían la puerta, pensó que era el mayordomo. —Dije que no me molestaran. Salte —ordenó con voz fría.

Capítulo 338 1

Capítulo 338 2

Capítulo 338 3

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