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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 337

Melisa negó con la cabeza. —Una cosa es una cosa y otra cosa es otra. Esto es un trato, no un favor.

La mamá de Teresa apenas pudo contener la emoción. Firmó con su nombre, puso su huella dactilar y le entregó el documento a Melisa. —Ya recibí las calificaciones de la escuela. ¡A Teresa le fue muy bien en los exámenes, todo gracias a usted!

En la noche, la señora insistió en que Melisa se quedara. Cenaron las tres juntas y así terminó un día de lo más agradable.

Después de los exámenes mensuales del último año de preparatoria, solo faltaban dos meses para el examen de admisión a la universidad.

En esos días, los estudiantes y maestros de la clase de élite se la pasaban revisando las notas que Melisa había preparado para ellos. La mayor parte era fácil de entender, pero en los temas más avanzados, ni los más mataditos ni los profes que estaban al mismo nivel lograban descifrar del todo los problemas.

Luego, no faltó quién sugiriera que la escuela contratara a Melisa como maestra suplente para darles asesorías por un tiempo.

El avance de Teresa era evidente. Si en este último mes lograban conseguir la ayuda de Melisa, seguro que todos en el salón subirían de nivel.

—Estos chavos son unos bárbaros, todos quieren que Melisa les dé clases —dijo el profesor de física, de pie en la oficina del director Miranda—. Pero no hay forma de contactar a esa señorita. ¿Usted tiene cómo comunicarse con ella?

El director Miranda respondió: —¿No se suponía que la maestra Eloísa iba a venir a dar clases un tiempo?

El profesor de física hizo una mueca. —Ay, por favor. Seguro le dio pena por todo el relajo con Melisa y se echó para atrás. Dijo que planeaba irse a trabajar a la Real Academia de Bellas Artes. Ya mandó su solicitud y seguro la aceptan de volada.

El director Miranda frunció el ceño. —¿No es maestra de matemáticas?

—Ahí está lo interesante —el profe de física se rio un poco—. Su primera carrera es matemáticas, pero para el doctorado se cambió a restauración de arte. Aunque no sacó el doctorado en la Real Academia de Bellas Artes, seguro va para allá con la idea de seguir estudiando.

El mayordomo tomó la medicina y se quedó con la palabra en la boca. Al ver que ella ya se daba la vuelta para irse, no aguantó más y la llamó: —Pero, señorita Serrano, el joven Dani no ha querido probar bocado desde que empezó a sentirse mal anoche.

Melisa se detuvo, volteó y frunció el ceño. —¿No quiere comer?

El hombre soltó una sonrisa amarga. —Para serle sincero, he notado que anda de muy mal humor estos días, y parece que eso le quitó el hambre.

Melisa se encogió de hombros. —Ahí sí no puedo hacer nada, ese ya es su problema.

«Ni modo que le recete unas pastillas mágicas para el hambre», pensó. Eso no existía.

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