Nicanor señaló a uno de ellos: —Aquel de allá, Vincent. Su papá me salvó la vida en el extranjero hace años. El sueño de ese muchacho siempre fue ser estrella, así que, obvio, le eché la mano para entrar a una agencia. La verdad, le echó ganas y llegó hasta donde está por mérito propio. Mis respetos para el chavo.
Melisa siguió la dirección de su dedo y cruzó miradas con el integrante de rasgos mixtos, quien justo en ese momento le lanzó un guiño provocativo hacia la zona VIP. Tenía una mirada profunda y seductora, pero Melisa notó que sus ojos brillaron mucho más al ver a Nicanor, e incluso le echó más ganas al baile.
Bueno, había que admitir que esos tipos sabían perfectamente cómo encender al público.
Melisa tomó una de las varitas luminosas que dejaron los organizadores en los asientos, se la puso a Nicanor en la mano y le dijo muy seria: —Creo que tú necesitas esto más que yo. Es más que obvio que te está coqueteando a ti.
—¡No digas tonterías! ¡Soy más derecho que una flecha!
Las bromas entre los dos pasaron desapercibidas en medio de aquel mar de fans eufóricas. Sin embargo, en otra esquina de la misma zona VIP, unos ojos finamente maquillados no les quitaban la vista de encima.
Era Alba Lucía, una actriz joven y popular que había saltado a la fama rápidamente gracias a su imagen de niña buena y al éxito de una serie web. Había ido al concierto como bailarina invitada especial para el número final del grupo.
En ese momento, llevaba unos lentes de sol que le cubrían media cara, pero sus labios apretados y su mandíbula tensa delataban lo molesta que estaba.
Reconoció a Nicanor. O más bien, recordó cómo se había desvivido intentando colgarse de la fama y el poder de ese hombre.


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