Foni logró su objetivo, pero no dejó que se notara en su rostro. Solo fingió dudar por un instante y luego, simulando estar conmovido, besó aquella cara ya marcada por las arrugas.
—En esta vida, lo único que necesito es tenerte a mi lado.
Alicia, con el rostro lleno de fascinación, le correspondió el beso de inmediato.
Pero, en un rincón donde ella no podía verlo, el rostro de Foni solo reflejaba odio y asco.
Él era un chico que había entrado como aprendiz a la compañía de Alicia tres años atrás. Tenía talento y ya había debutado en dos grupos, pero la suerte nunca estuvo de su lado; las bandas siempre pasaban sin pena ni gloria, y no aguantaban ni un año antes de que la empresa matriz las disolviera.
Ahora gozaba de un poco de fama, pero comparado con un grupo tan popular como «Apex», era prácticamente un don nadie.
Lo que más le ardía a Foni era que él y Vincent habían sido aprendices de la misma generación. De hecho, a la hora de debutar, le habían dado a él la prioridad para elegir grupo. Por desgracia, tomó una mala decisión; creyó que su banda sería un éxito rotundo, pero fue desintegrada poco después, mientras que «Apex», por el que nadie apostaba un centavo, se volvió un fenómeno nacional desde su primera presentación.
¿Cómo iba a resignarse a algo así?
Foni siempre pensó que la popularidad y el estatus que tenía Vincent ahora le pertenecían a él. Tarde o temprano, iba a recuperar lo que era suyo.
***
En cuanto Dafne se enteró del malentendido y de que muy probablemente eso afectaría la reputación del hospital, contactó de inmediato a su equipo de relaciones públicas. Publicaron en redes sociales que Vincent, integrante de la famosa banda «Apex», no estaba recibiendo atención médica en el Hospital de San Rafael, y que el hospital desconocía si estaba herido o su nivel de gravedad.
Al mismo tiempo, Dafne mandó a varios guardias de seguridad con megáfonos a la entrada del hospital para anunciar a los cuatro vientos que ahí no había ningún paciente con ese nombre, pidiéndole a la gente que no se amontonara para no bloquear el paso y afectar a otros enfermos.
Sin embargo, los fans no le creyeron al hospital. Una gran mayoría pensó que la clínica estaba encubriendo a Grupo Werner, así que, tercas como mulas, se quedaron haciendo guardia en la puerta sin intenciones de irse.
No fue sino hasta que el Hospital de San Rafael le mandó un requerimiento legal directo a Grupo Werner, exigiéndoles que aclararan la situación de inmediato o, de lo contrario, los harían responsables de todos los pacientes cuyo tratamiento se retrasara por culpa de ese alboroto, que las cosas se calmaron.
El Hospital de San Rafael era anteriormente la Clínica San Rafael. Nadie sabía con certeza quién era su verdadero dueño; Solo se sabía que una persona muy poderosa lo había comprado por teléfono en una subasta por dos mil millones de pesos, y que ahora Dafne era la directora.


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