Alicia suspiró.
—No conozco la verdadera identidad de esa chica. Al principio pensaba usarla como chivo expiatorio para cubrirme las espaldas por partida doble. Pero ahora no me atrevo a moverme a la ligera ni a culparla de intentar asesinar a Vincent.
—¿Y Vincent? ¿Ya fue al hospital? —preguntó Foni.
—Sigue en una clínica privada, le han estado inyectando sedantes. —Alicia lo miró y dijo con voz grave—: A pesar de que fue una dosis alta de sosa cáustica, parece que las agujas de esa chica realmente funcionaron. El médico de la clínica dice que la situación aún está bajo control y que Vincent se puede salvar. Sus cuerdas vocales están casi destrozadas a la mitad, pero para que quede completamente mudo, tendría que esperar hasta mañana. Hay demasiadas variables en este lapso, así que quiero mandarlo a un hospital en forma ahora mismo.
—¿Por qué no le diste una segunda dosis de sosa en el momento del incidente? —cuestionó Foni.
—Había demasiadas miradas encima, no era tan fácil. Además, cuando un artista de su nivel tiene un accidente, siempre le hacen un peritaje médico. Si le hubieran dado una segunda dosis, los especialistas lo descubrirían —explicó Alicia—. Eso confirmaría nuestra culpa de inmediato.
Ahora, los altos mandos de la compañía también sabían del accidente en el concierto, y ya habían arrestado al fanático extremista que había puesto el veneno. Aunque habían bloqueado la información en internet de manera general, no podían ocultarlo de los fans que estuvieron presentes. El estado de salud de Vincent tenía a sus fans tan angustiadas que muchas se habían congregado a la entrada del Hospital de San Rafael para rezar por él.
No pasaría mucho tiempo antes de que el hospital, al enterarse de la situación, saliera a aclarar que la estrella no estaba internada ahí en absoluto.
La verdad saldría a la luz muy pronto.
Un destello de decepción cruzó los ojos de Foni. Quitó la mano con la que estaba consolando a Alicia y suspiró levemente.
—Ni hablar, este es mi destino. Dejemos esto hasta aquí. Presentaré mi renuncia a la empresa.
Alicia entró en pánico al instante y le agarró la mano.
—Yo te puedo mantener. No tienes que volver a tu casa.



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