Melisa dijo con frialdad:
—No sé quién armó esto, pero es la realidad. Si no se quieren morir, lárguense ya.
—¡Puras mentiras! —La voz de Yori se volvió chillona y aguda de repente. Apuntó a Melisa, temblando ligeramente de puro coraje—. ¡Melisa! ¿Qué mosca te picó? ¿Estás inventando esta locura solo para asustarnos? ¿Lo haces para que no encontremos el punto de suministros? O... ¿acaso crees que con esto vas a quedar como la gran heroína frente a Dani? ¡¿Quién te crees para darnos órdenes?!
Yori se fue alterando cada vez más, casi gritando:
—¡Dani ya dejó todo preparado! ¡Es imposible que haya un oso aquí! ¡Lo que pasa es que me tienes envidia! ¡Envidia de que yo sí pueda participar en esta actividad! ¡Envidia de lo bien que Dani me trata! ¡Solo quieres echarnos a perder el día!
—Yori, a lo mejor Melisa está diciendo la verdad... —Patricia, al ver la expresión intimidante de Melisa, sintió un escalofrío de miedo e intentó calmar el repentino berrinche de su amiga.
—¡Cállate! —Yori la interrumpió de golpe, con una mirada terca y casi enloquecida—. ¡No dejen que las engañe! ¡Solo quiere llevarse todo el crédito o arruinarnos la actividad! ¡Vámonos! Los suministros están allá adelante, ¡le voy a demostrar que se equivoca!
—Oye, ¿no que hace rato ni te importaba esto? —murmuró uno de los chicos por lo bajo.
En su mente no dejaba de pensar: «¿Qué le pasa a esta loca? Venía como si nada, calladita todo el camino, y nomás de ver a la profesora Serrano saca las uñas. Ni parece que venga de una buena familia, se porta como una vil histérica».
—¡¿En serio le van a creer?! —Yori se dio la media vuelta de inmediato y se encaminó terca hacia el interior del bosque oscuro, gritando a todo pulmón—. ¡Pues voy yo sola! ¡Voy a desenmascarar sus mentiras con mis propias manos! ¡Seré la primera en conseguir la máxima calificación!
Dicho esto, Yori ni siquiera volteó a ver a Melisa de nuevo.
Como si necesitara probar su valentía y demostrar que tenía razón, o quizá solo para huir de la abrumadora presencia de Melisa y de la advertencia que la tenía nerviosa, se echó a correr sin pensarlo hacia la entrada de la cañada donde ella juraba que estaba el famoso tesoro.
—¡Yori! ¡Espérate! —Patricia se moría de miedo, pero le asustaba más que Yori sufriera un accidente y los negocios de su familia se fueran al caño, así que salió corriendo detrás de ella sin pensarlo.
Los demás estudiantes se miraron entre sí.
Unos se quedaron paralizados por la advertencia de Melisa, pero otros se dejaron llevar por la seguridad de Yori y, tras dudarlo un segundo, también corrieron tras ellas.
Melisa vio a Yori adentrarse a toda prisa en la cañada.
Justo en esa dirección era donde comenzaba el rastro que estaba siguiendo.
En el instante en que Yori corrió hacia allá, el tenue olor a animal salvaje en el aire se volvió mucho más intenso y asqueroso.
Melisa frunció el ceño.
Soltó una maldición para sus adentros y corrió tras ellas sin más remedio.
A decir verdad, no le importaba en lo más mínimo lo que le pasara a Yori, pero si la chica se moría, Dani iba a terminar embarrado en el problema.
Los que armaron todo aprovecharían para hundirlo, y las cosas se pondrían muy feas.

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