Al recordar los rumores recientes de que los Núñez estaban buscando a una familiar en Santa María, Melisa intuyó quién era… aunque todavía dudó.
—¿Eres mi hermano?
El hombre se detuvo frente a ella, se inclinó un poco y sonrió, divertido.
—Caray, Melisa, me robaste la frase. Mucho gusto. Soy tu hermano, Nicanor Núñez.
Melisa se quedó sin palabras.
Miró la caravana, y al rato dijo:
—Los Serrano decían que mis papás estaban metidos en un pueblito, en la sierra.
Por donde lo vieras, no encajaba con una familia como los Núñez.
Nicanor pensó un momento.
—Pues… no es mentira. Mi bisabuelo sí construyó un castillo en la sierra. La casa ancestral de los Núñez está por allá, aunque ahora ya es un museo.
Melisa: …
Al verla callada, Nicanor siguió:
—El abuelo me mandó por ti. Me encargó que la primera vez tenía que ser algo “en grande”. Así que pedí prestados unos carros y unos helicópteros. No es mucho, pero… no te incomodes.
Melisa miró la cantidad absurda de vehículos y asintió, tranquila.
—Está bien.
A cualquiera se le habrían ido las piernas del impacto, pero ella se veía serena, como si nada. A Nicanor le llamó la atención.
Miró la moto de Melisa.
—Vente con tu hermano. La moto la mando a transportar.
—Va.


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