A los Serrano les dio igual. Ni se les ocurrió que tuviera que ver con Melisa. Después de anunciar el compromiso de Verónica y Eloy, el papá de Melisa le habló a Eloy con amabilidad:
—Me enteré de que cerraste con los Núñez el proyecto de dos mil millones. ¿Crees que los Serrano podamos entrarle también, aunque sea a una parte?
Eloy respondió, fanfarrón:
—Justo eso estaba pensando. Nada más que esta inversión está enorme; los detalles los tengo que ver con los Núñez. Pero usted venga conmigo: yo le echo una mano y les hablo bien de usted.
El papá de Melisa se iluminó.
—¡Claro! ¡Te lo agradezco, yerno!
***
Centro de Santa María, Casa de la Fuente Dorada.
En la zona más cara de Santa María, había una montaña en pleno centro. Ahí estaba Casa de la Fuente Dorada: en el área principal solo había cuatro propiedades, y alrededor, unas cuantas casas más pequeñas.
Cada casa era tipo hacienda, separada de las demás. Privacidad total, paisaje de primer nivel… y precios ridículos. Quien vivía ahí era de la gente más rica del país.
Melisa ya había ido una vez, por el asunto de tratar a Dani.
El helicóptero aterrizó en un helipuerto junto a la entrada de un viñedo. En cuanto Melisa bajó un pie, vio a dos filas de empleados y escoltas formados. A una voz, la saludaron:
—¡Bienvenida a casa, señorita!
Nicanor bajó detrás de ella.
—Esta propiedad la compró el abuelo hace años. La idea era venir de vacaciones con mi hermana de vez en cuando… pero desde que te perdiste, este lugar se volvió un recuerdo doloroso. Para no estar sufriendo, casi no veníamos. Lo ha estado cuidando una tía de la familia.
Melisa asintió.
—Entiendo.
Nicanor la miró, notando que seguía igual de tranquila. A él, en cambio, se le apretó el corazón.
—Todo lo que te quitaron… mis hermanos y yo te lo vamos a devolver, una cosa por una.

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