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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 383

Al principio, Dani pensó en dárselas al equipo médico del ejército para que las analizaran, pero terminó mandándolas a Novygen Biotecnología. Hizo que los químicos de ahí firmaran un acuerdo de confidencialidad para investigar en secreto qué demonios era eso.

Desde lo que pasó con el local de Hugo hasta lo del oso pardo, estaba claro que alguien le traía ganas y estaba armando todo un teatrito para darle en la torre.

Renato iba manejando, llevando a su jefe a casa porque llevaba días sin dormir bien. —¿Sabe qué? Yo creo que el que mueve los hilos es el coronel Zamora. Digo, ya van varias veces que defiende a los del otro bando, tiene contacto con nuestro exsubcomandante y, para rematar, los tipos de la sala de monitoreo eran de su gente. El coronel es el más sospechoso.

Dani se masajeó las sienes, con la mirada cansada. —Antonio y yo no nos pisamos los talones. Él controla la tierra y yo el mar.

Renato no se aguantó las ganas de opinar. —Pues con lo de su hija sí que le dio un buen raspón. ¿A poco no Lucía Zamora renunció hace un par de días? Y todo porque usted le exigió que cumpliera su palabra.

—¿De verdad crees que me mandaría a matar nada más por el orgullo de su hija? —Dani recargó la cabeza en el asiento—. Qué ridiculez.

Renato lo pensó un segundo y tuvo que darle la razón, sonaba a locura. Estacionó el carro frente a la vieja casona de la familia, apagó el motor y se volteó hacia él. —Pero, oiga, a veces el coronel Zamora sí tiene ideas muy extremas. Él es de los radicales, mientras que usted y el presidente tiran más a lo conservador.

—Póngale usted el conflicto por el petróleo —continuó Renato—. En las últimas juntas, casi todos querían irse a los balazos. Usted fue el único que dijo que había que estar preparados, pero con la idea de que si atacan, les respondemos y punto. En el ejército hay muchos que murmuran. Dicen que muy poderoso y todo, pero que a la mera hora le da frío.

Dani levantó una ceja y lo miró. —Fíjate que acabas de darme una buena idea.

Renato parpadeó, confundido. —¿Mande?

Dani dejó de sobarse las sienes. —A lo mejor no es solo un conflicto interno. Podría ser que tengamos a un traidor entre nosotros, ¿no crees?

A Renato se le cruzaron los cables. ¿De dónde sacaba esa conclusión así de la nada?

Dani no le dio más explicaciones. Se bajó del coche y subió directo a la casa.

—Para esas cosas no tiene que dar la cara él —respondió Vasco—. Las constructoras que ganaron la licitación se encargan de entregar buenos resultados.

—¿A poco? —insistió Yori—. Pues me enteré de que va a haber un montón de locales ahí y que todos se están peleando por un lugar. Como es algo que tiene que ver con la imagen y el prestigio de la plaza, me imagino que Dani debe ser muy estricto con eso. Me gustaría echarle la mano con algo de chamba, pobrecito, se la pasa trabajando.

Con su instinto de viejo militar, Vasco se dio cuenta de inmediato de que Yori le estaba sacando información con cucharita. Lo que no entendía era qué vela en el entierro tenía la muchacha con la Plaza del Roble.

—Todo el rollo de rentar los locales no nos toca a nosotros los Soto —aclaró Vasco—. Nosotros solo somos la constructora. Los verdaderos dueños de la plaza son la familia Núñez.

La sonrisa lambiscona de Yori se congeló en el acto.

¿¡Qué!?

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