—¡Sí, oye! ¡Aquí estamos como mensos esperándola y ella se mete como si nada! ¿Y las invitaciones? —brincó otro papá, ya bastante desesperado.
Mientras rabiaban confundidos, un hombre bien vestido que había visto todo el teatrito soltó una carcajada burlona.
Con tono de superioridad, les soltó:
—Oigan, dejen de hacer el ridículo. Esa señorita no es la tal Yori a la que esperan.
—¿Que no es Yori? —La mamá de Patricia volteó de golpe—. ¡Ay, por favor! ¿Cómo no va a ser? Aparte de la novia del señor Soto, ¿quién más va a llegar en sus coches y con semejante cantidad de guardaespaldas?
El hombre los miró como si fueran unos ignorantes.
—Esa es la señorita Núñez. La encontraron hace poco y ahora es la consentida de toda la familia. De hecho, dicen que ya están organizando una gran fiesta de bienvenida. ¿De verdad no sabían ni eso y aun así se atrevieron a venir a la subasta de Plaza del Roble?
—¿La señorita Núñez? —A la mamá de Patricia casi le da algo.
Se quedó con la boca abierta.
Los demás también se quedaron helados.
Pasaron del desconcierto al bochorno en cuestión de segundos.
—¿La familia Núñez? ¿Esa familia súper millonaria? ¿Qué no ellos puros hijos hombres tenían?
El tipo volvió a burlarse.
—¿En serio no saben? Todo el mundo de la alta sociedad ya se enteró. La familia Núñez tenía una hija que estuvo perdida por casi dieciocho años y apenas la encontraron este año. Dicen que su abuelo y sus hermanos la traen entre algodones, de seguro los coches de los Soto solo fueron para presumir su llegada.
—Híjole... ¿Me estás diciendo que le estuvimos gritando a la señorita Núñez? ¿Y que nos le echamos encima?
—Ya valimos... ¡Qué pinche vergüenza!
Con la escenita que acabamos de armar...
El grupo se puso a temblar del oso que acaban de hacer.
Uno de los papás intentó consolarlos:
—Tranquilos, no pasa nada. Hay que esperar a Yori. Se sabe que los Soto y los Núñez se llevan de maravilla. Al rato la señorita Núñez lo deja pasar, total, por ser conocidos de la futura esposa del señor Soto.
La mamá de Patricia le dio la razón de dientes para afuera, pero por dentro ya tenía la espinita.
Si los coches de los Soto estaban ocupados llevando a la fulanita de los Núñez... ¿en qué iba a llegar Yori?
¿A poco se le hizo tarde porque la dejaron sin transporte?
Se quitó esa idea de la cabeza de inmediato.
Creyó que estaba alucinando tonterías; la novia del señor Soto a fuerza iba a llegar en algún carro de lujo.
Solo le quedaba esperar.
El hombre solo enarcó una ceja, sin borrar su mueca despectiva:
«La verdad, no. ¿Qué se supone que es usted?».
Yori se puso roja como tomate, quedándose sin palabras.
Como se trataba de un trabajador de confianza que llevaba años con los Soto, no le quedó de otra más que aguantarse el berrinche.
Pero se juró que tarde o temprano iba a correr a ese tipo a patadas para vengarse de la humillación.
Sin opciones y con el tiempo en contra, tuvo que vaciar sus ahorros para rentar ese cacharro que aparentaba ser lujoso y así lograr llegar con las invitaciones.
Cuando por fin llegó, andaba toda despeinada y el vestido ya se le había arrugado.
Verla aparecer en esas fachas sacó a la mamá de Patricia y a los demás de su ataque de vergüenza.
Por mucho que Yori se hubiera lucido armando un buen conjunto gracias a su buen gusto, nadie pasó por alto que su vestido era de la temporada pasada, ni que venía en ese modelo viejísimo que cualquier ricachón ignoraría por completo.
En comparación con la escolta de Phantom, el pelotón de seguridad impecable y la elegancia natural de la verdadera heredera de los Núñez...
La comparación fue brutal para la mamá de Patricia y para todos los demás.
Algo no cuadraba.
Si de verdad era la novia oficial de Dani, ¿por qué Yori se veía tan poco convincente al lado de ese despliegue?

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