—¿Por qué no intentarlo? —preguntó Melisa—. ¿Solo porque eres joven y no tienes experiencia? ¿Tienes miedo de fracasar y decepcionarme, o de que los demás te hagan de menos?
Teresa no esperaba que Melisa atinara tan exacto a sus miedos. Asintió.
—Sí.
—Ni siquiera has empezado, ¿por qué pensar en consecuencias malas que a lo mejor ni pasan? —Melisa levantó la mano y apoyó su palma, un poco fría pero suave, sobre la cabeza de la chica.
Aunque apenas le llevaba un par de años, la madurez de su mirada le daba un aire sereno y protector.
—Pensar tanto en lo malo solo hará que dudes más. —Melisa sonrió y retiró la mano—. Además, si el mundo se viene abajo, yo te protejo. Tú solo preocúpate por ir hacia adelante.
Al escuchar eso, Teresa se quedó pasmada un momento y enseguida se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Aparte de mi mamá, nadie me había dicho algo así.
—Pues ahora ya lo tienes —respondió Melisa.
Teresa asintió con fuerza. ¡Solo por esas palabras, estaba decidida a entregar sus mejores diseños para salvar la marca de Melisa!
—Oye, Melisa... —preguntó la chica de repente en voz baja—. Para mí eres como si pudieras hacer todo, pero sigues siendo muy joven. ¿Hay alguien que te proteja a ti, así como tú me proteges a mí?
Melisa se quedó en silencio un momento. Una sonrisa cálida iluminó su rostro.
—Sí, mi verdadera familia. Son las únicas personas en las que confío a ciegas.
—¿Familia? —Teresa parpadeó—. ¿Entonces el señor Soto también es de tu familia? En mi salón todos dicen que, como ya no está el estorbo de Verónica, y ambos vienen de familias de lana, seguro los van a casar.
—Puros chismes —respondió Melisa sin titubear—. Yo No pienso usar el matrimonio como una negociación.
Al otro lado de la pared, en el pasillo, el hombre estaba recargado, con la cabeza gacha y la mirada clavada en el piso.
Estuvieron un rato más en el cuarto, hasta que Melisa salió a contestar una llamada. Teresa salió detrás de ella y pegó un brinco al ver una sombra oscura ahí cerca. Cuando vio de quién se trataba, se tranquilizó y hasta se animó a preguntarle—: Señor Soto, ¿se peleó con Melisa? El ambiente entre ustedes está muy raro.
Dani miró a Teresa. Para un hombre tan inexpresivo como él, era raro verlo rodeado de un aura de pesadumbre. Aunque solo estuviera frente a una mocosa, no pudo evitar desahogar un poco la frustración que traía guardada—. Creo que dije algo que no debía.
En poco tiempo, Teresa se enteró del motivo por el cual las cosas estaban tensas. No le intimidaba Dani, al contrario, hasta adoptó un tono de reproche para defender a Melisa—:


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