—Son secretos militares —respondió Dani.
Melisa guardó silencio unos tres segundos.
—¿Tiene que ver con el conflicto por el petróleo? Al final no llegaron a las armas en esa batalla.
Estaba tratando de sacarle información, pero Dani no respondió directamente. Por el momento, él solo estaba haciendo proyecciones con algunos viejos estrategas de la facción presidencial. Obviamente, no le podía contar esas cosas, o la pondría en peligro de muerte sin necesidad.
—Es un asunto de suma importancia, de lo contrario no me habría atrevido a pedírselo, «Médico Milagro» —dijo Dani.
Solo había una dueña detrás de Novygen Biotecnología.
Era un misterio tanto en la *dark web* como en el mundo de la medicina, pero todo el mundo conocía su nombre.
¿Cuántos secretos más escondía esa joven de veintitantos años?
Melisa tomó el documento de la mesa y lo abrió. Después de leerlo, clavó la mirada en el precio final de compra y levantó una ceja.
—La presidencia sí que está dispuesta a soltar billetes.
—Trato hecho. —Melisa extendió la mano para pedirle una pluma y firmar el documento—. Durante seis meses, te daré dos tercios de la Menta Alpina. La otra parte tiene que abastecer mis farmacias. Tú tienes una guerra que pelear y yo tengo gente que curar.
—De acuerdo —asintió Dani.
Al ver el ambiente tan extraño entre los dos, Teresa echó un vistazo por la ventana. El cielo estaba nublado; recordó que pronosticaban una tormenta fuerte para esa noche. Se le ocurrió una idea y volteó—: Melisa, señor Soto, ya que están aquí, ¿por qué no se quedan a comer antes de irse? Además, Melisa, ¡tienes que checar mis diseños! Tengo muchas ideas de las que quiero platicar contigo.
—Claro —aceptó Melisa con un asentimiento.
Al ver que ella se levantaba y se iba directo a la recámara de Teresa sin siquiera mirarlo, Dani sintió una opresión en el pecho. La mamá de Teresa le preguntó con cautela—: Señor Soto, quédese a comer, ¿no? Ya tengo la comida lista, ande, anímese.
Dani asintió.
—Entonces, con su permiso, acepto la invitación.
—¿La salvación? —Teresa parpadeó—. ¿A qué te refieres?
—Comercial Novierra estaba a punto de irse a la quiebra por sus pésimos diseños y su mala administración familiar, pero ahora yo tomé el control.
Teresa abrió los ojos de par en par, asombrada.
—¿Te hiciste cargo de la marca? ¿Es lo que estoy pensando? ¿Tú eres la dueña?
—Sí. —Melisa asintió y bajó un poco la voz—. Pero no puedo hacerlo sola. Necesito limpiar a todos esos parásitos que se dedican a chuparle la sangre a la marca. Teresa, ¿estarías dispuesta a cederme los derechos de estos diseños y convertirte en la diseñadora principal de Comercial Novierra para liderar nuestro gran regreso?
—¡¿Diseñadora principal?! ¡¿Yo?!
Teresa se quedó sin voz y hasta se tapó la boca con las manos por la emoción.
—¿De verdad crees que mis pequeños inventos sirvan para ser la diseñadora principal de toda una marca?

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