Había pasado casi una hora de la cita y Melisa no aparecía por ningún lado.
Joel dio un manotazo en la mesa.
—¡Elegancia, tu sobrinita nos está viendo la cara de pendejos! ¡Seguro ya ni viene!
—¡Se ve que a ti tampoco te tiene nada de respeto! —agregó Melchor.
Camila también sentía que estaba quedando en ridículo. Con gesto duro, respondió:
—Ya no hagan corajes, dejen le marco a ver qué pasa.
Melisa contestó la llamada sentada cómodamente en la silla de piel de la oficina de dirección. Frente a ella estaba Rocío revisando unos bocetos, y Teresa, que esperaba su veredicto muerta de nervios.
Al ver a las dos, Melisa mordió un dulce y le contestó a Camila con un tono perezoso:
—Ay, perdón, tía. Estaba tan ocupada que se me fue el avión con lo de la cena. Pero bueno, como igual es pura gente que ni al caso, disfruten la comida y los tragos, yo invito. Luego nos ponemos de acuerdo.
—¡Melisa! —Camila levantó la voz de inmediato—. Estos directivos de Comercial Novierra llevan más de una hora esperándote, ¿y me sales con que ya no vienes? ¿Crees que esto es un juego?
Melisa rompió el dulce con los dientes, provocando un crujido. Con una sonrisa fría en los labios, respondió:
—¿A poco Comercial Novierra todavía tenía directivos? Yo pensé que los que fueron a la junta en la tarde eran todos.
Lo estaba haciendo a propósito para humillarla. Camila apretó los puños.
—Melisa, entiendo que tengas dinero, pero te aconsejo que no te pases de lista. El dinero no lo arregla todo. Comercial Novierra no es solo diseño; los fabricantes de telas y los proveedores están en manos de esta gente. Organicé esta cena por tu propio bien. Si vienes, agachas la cabeza y te disculpas por lo que hiciste hoy, ellos todavía estarían dispuestos a echarte la mano.
—¿Disculparme? Para nada —dijo Melisa con una sonrisa—. De hecho, yo también quiero enseñarle algo, tía. Al contrario de lo que usted piensa, en cualquier negocio, el dinero sí lo arregla todo.
Al escuchar el tono de colgado del otro lado, Camila azotó el celular contra la mesa. Sintió que acababan de ridiculizarla delante de toda su familia.
Con voz sombría, sentenció:
—Ya que Melisa se cree muy chingona, no le voy a solapar sus berrinches. A partir de este momento, corten a todos los proveedores y fabricantes, y saquen a todos nuestros diseñadores. ¡Quiero ver cómo carajos va a manejar una empresa vacía!
—¡No manches! ¿Y qué va a pasar con nuestro sueldo? —brincaron varios de los Blanca. Hay que recordar que algunas de las fábricas que le maquilaban a Comercial Novierra eran de ellos mismos, operando en exclusiva para sacar tajada y ganar márgenes absurdos.
Camila, ya bastante alterada por culpa de Melisa, se aguantó el coraje y les reclamó:
Melisa la miró.
—¿Por qué te alteras tanto?
—¡Es que es Futuro de Coordenadas! ¡Se dice que el jurado está formado por los pesos pesados de la Real Academia de Bellas Artes! Son unos genios haciendo vestidos de alta costura. Si ellos avalan una prenda, básicamente te dan estatus e influencia en el medio. —Teresa se frotó las palmas sudorosas contra los pantalones de mezclilla—. En un concurso de ese nivel hay demasiada gente talentosa. ¡No la voy a armar! No quiero decepcionarlas.
—Pero creo que es la única forma de que Comercial Novierra consiga atención y se vuelva tendencia en poco tiempo —insistió Rocío—. Aunque la ropa solo se lleve un premio de consolación, con tal de colarnos a la pasarela de Futuro de Coordenadas, vamos a generar muchísimo ruido.
—Pues vamos a intentarlo —dijo Melisa, pensativa.
Teresa vio la mirada de Melisa y se acordó de la plática que habían tenido en su casa. Aunque estaba nerviosa, terminó aceptando:
—Entonces daré lo mejor de mí para ganar ese premio de consolación.
Apenas habían terminado de acordar eso, cuando la puerta de la oficina se abrió de golpe. La directora administrativa Morán entró con cara de pánico y soltó:
—¡Jefa! Acaban de entregar más de diez cartas de renuncia en el departamento de diseño, y para colmo, todas nuestras fábricas maquiladoras cancelaron los contratos con nosotros.

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