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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 433

Melisa no se alteró en lo más mínimo. Al contrario, dijo:

—Qué bueno.

La directora Morán pensó que no estaba entendiendo la gravedad del asunto y le recalcó:

—¡Ya casi es el lanzamiento de la temporada de invierno! ¡Si el departamento de diseño y las fábricas se van a huelga ahorita, nos va a cargar el payaso!

Rocío estaba a punto de hablar, pero Melisa se le adelantó:

—No pasa nada. Yo misma voy a ir a negociar con las fábricas. La principal proveedora de materiales de Comercial Novierra es Textiles La Esperanza, ¿no? Yo me doy una vuelta por allá.

La directora Morán no tuvo de otra más que quedarse callada y retirarse.

Fue entonces cuando Rocío habló, preocupada:

—Es cierto que esa fábrica de teñido en la zona industrial es el mayor proveedor de telas y maquila de Comercial Novierra, pero la calidad de su ropa es súper inestable. La tasa de devoluciones por parte de los clientes es altísima. Si lo que busca son buenas telas, le juro que tengo otras opciones de fábricas mucho mejores y más baratas para recomendarle.

—Ya lo sé —respondió Melisa.

—¿Entonces por qué?

Melisa sonrió levemente.

—Eso ya es asunto mío. Tú solo encárgate de trabajar con Teresa, que ahora mismo es nuestra única diseñadora, y saquen la mejor colección posible.

Melisa sabía perfectamente que todo lo que acababa de decir iba a llegar tal cual a los oídos de Camila.

***

Después de dos días de mucho trabajo, Melisa regresó a la zona residencial militar. Llevaba tiempo sin ir, y los abuelitos del lugar ya habían hecho fila para que los consultara.

Un montón de gente se amontonó en la pequeña clínica, haciendo que el área de espera se sintiera todavía más apretada. Varios señores se sentaron juntos a platicar sobre los chismes militares más recientes.

Cuando mencionaron a Dani, Melisa paró oreja sin darse cuenta.

—Dicen que los papás de Dani ya van a regresar —comentó un veterano de la marina—. Y parece que traen a un hijo con ellos.

—Yo ya sabía que este día iba a llegar —opinó otro—. Con semejante fortuna, ni locos iban a dejar que se les escapara de las manos.

Melisa terminó de escribir una receta y aprovechó para preguntar:

—¿Qué Dani no era hijo único y huérfano? ¿No lo crio el señor Soto solo?

Al escucharla, la clínica se quedó en silencio por un segundo. Luego, el veterano de la marina le explicó:

Todas las voces ahí estaban distorsionadas. En ese momento, hablaban atropelladamente sobre la construcción de instalaciones militares en el estrecho de Pérez. Todos pensaban que era la oportunidad perfecta para forrarse de dinero vendiendo armas.

En cuanto la cuenta de X entró a la sala, todos se callaron de golpe.

El primero en encender el micrófono fue alguien con el apodo de Ruiseñor.

—Jefa, qué bueno que llegas. Nos acabamos de enterar de que la Federación de Oceanía y Las Palmeras andan queriendo comprar armas. Estábamos viendo si nos metemos para sacar nuestro inventario.

Melisa tamborileó los dedos sobre el escritorio.

—¿Venderle armas a quién?

Otra voz robótica, bajo el apodo de Tormenta, contestó:

—Son clientes del Grupo Aris. Últimamente se les estancó la producción de sus nuevos barcos y aviones de combate, no los pueden vender. Lo que está pasando en el estrecho de Pérez le cayó del cielo a Aris para vender armamento. Dicen que sus clientes andan moviendo influencias en el senado, mostrándoles la «amenaza» a los políticos para que suelten más presupuesto para la marina.

Tormenta continuó:

—Nosotros no tenemos suficientes materiales para armar tantos barcos y aviones, pero quitarle un pedido de armas a Aris sería pan comido.

—Se les está olvidando algo —los interrumpió Melisa con tono implacable—. ¿O será que llevo tanto tiempo sin venir a verlos que ya sienten que pueden lucrar con la desgracia ajena?

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