—No es solo por ella —lo corrigió Dani de inmediato—. ¿Saben por qué Mateo está tan desesperado por encontrar nuevas vetas minerales? Quiere romper con el monopolio extranjero y fabricar nuestros propios chips para que el país deje de depender de otros. Lo que está haciendo es por el país. ¿Por qué no habría de protegerlo?
Ante esa respuesta, nadie se atrevió a intentar disuadirlo de nuevo.
Para cuando terminaron de afinar los detalles, ya era bien entrada la madrugada.
La tormenta de nieve afuera parecía haber empeorado, haciendo que la lona de las tiendas crujiera violentamente.
Dani se frotó las sienes, sintiendo una ligera punzada de dolor. Al pasar frente a la tienda de Melisa, notó que aún se filtraba una luz tenue. Frunció el ceño, se dio la vuelta, levantó la lona y entró.
El pequeño calefactor zumbaba débilmente en un rincón, pero la temperatura adentro seguía siendo tan baja que el aliento se condensaba en el aire.
Melisa no estaba durmiendo. Estaba recargada en el catre bajo la luz de una lámpara portátil, revisando meticulosamente en su tablet los datos preliminares de la veta mineral que el equipo de Mateo había enviado antes de desaparecer. Estaba tan concentrada que ni siquiera notó que Dani había entrado.
—¿Por qué sigues despierta? —La voz de Dani sonaba ronca por el cansancio—. Mañana vamos a necesitar toda nuestra energía, tienes que descansar.
Melisa levantó la vista; su rostro se veía aún más pálido bajo la luz.
—Estaba revisando los datos. Hay cosas que no cuadran. Los elementos radiactivos se están dispersando muy rápido por el clima. Creo que...
Antes de que pudiera terminar, Dani ya estaba a su lado. Sin decir agua va, le quitó la tablet de las manos. Al momento de arrebatarle también la pluma y el papel que usaba para hacer notas, le rozó las manos por accidente.
El frío que desprendían sus dedos hizo que el hombre frunciera el ceño de inmediato.
—¿Por qué estás tan helada? —preguntó con un tono más severo.
—Es normal, hace frío —se excusó ella.
Sin previo aviso, Dani metió la mano bajo las cobijas y le tocó el tobillo. Estaba igual de congelado.

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