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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 460

—¡Todavía no es el momento! ¡Las condiciones adentro son horribles! ¡¿Cómo se le ocurre entrar sola?! —exclamó con desesperación un geólogo que estaba a su lado—. ¡Con toda esta lluvia, ha habido derrumbes y avalanchas por todas partes! ¡Dios mío!

El rostro de Dani se volvió tan frío como el hielo. Lo único que le pasaba por la mente eran los dedos frescos de Melisa vendando sus heridas la noche anterior, y su voz suave pero firme diciéndole: «A mí me importas».

Así que toda aquella ternura repentina había sido una forma de distraerlo para irse sola a una misión suicida.

Seguramente ella sabía que, si le decía la verdad, él se habría vuelto a arriesgar por ella.

—¡Reúnan a todos los expertos de inmediato! —ordenó Dani con una voz helada que no admitía discusiones—. Voy a subir.

—¡Estás loco! ¡¿Vas a arriesgarte así por una mujer?! —Vasco, apoyado en su hijo, le bloqueó el paso bruscamente. Su voz sonaba ronca por el coraje—. ¡Si lograste salir vivo de ese infierno fue por puro milagro! ¡¿Crees que vas a tener la misma suerte dos veces?! ¡¿Te quieres morir allá adentro o qué?!

Dani lo miró con tranquilidad y le respondió en voz baja:

—Morir aquí, morir en combate o morir por un asesino a sueldo... para mí, ¿qué diferencia hay?

Vasco enfureció:

—¡He gastado todos mis recursos en criarte y apoyarte, no para que mi sucesor vaya a tirarse al precipicio por culpa de una mujer!

Giró la cabeza bruscamente y le gritó a los soldados detrás de él:

—¡Ustedes! ¡Vigílenlo! ¡Nadie tiene permiso de dejarlo salir del campamento sin mi orden!

—¡A ver quién se atreve! —rugió Dani, barriendo el lugar con una mirada filosa como una navaja.

El ambiente se puso tenso al instante. Los soldados se miraron entre sí, pero ninguno hizo el menor amago de cumplir las órdenes del viejo general.

Durante todos los años en los que Dani había estado al mando de los asuntos militares, sus logros en el campo de batalla y su mano dura se habían ganado el respeto de todos. La verdadera autoridad ya había cambiado de dueño en silencio.

El pecho de Vasco subía y bajaba agitadamente al darse cuenta de que había perdido todo su poder y que sus gritos no servían para nada.

—¡¿Ya ni siquiera me obedeces?! ¡¿Te olvidaste de que soy tu abuelo?!

—Precisamente por eso lo he obedecido ciegamente durante tantos años —respondió Dani con expresión neutra, pero con un deje de agotamiento apenas perceptible—. He cumplido todas y cada una de las expectativas que me puso. ¿Por qué ahora que quiero hacer algo por mí mismo me lo quiere prohibir?

—¡Porque eres el heredero de los Soto! —gritó Vasco, su voz resonando en todo el campamento—. ¡Tienes el futuro de nuestra familia sobre los hombros! ¡No tienes derecho a hacer tus caprichos ni a andar pensando en el amor! ¡Escúchame bien!

Dani mantuvo su tono firme.

—Si tuviera la opción, renunciaría a todo.

Vasco se quedó boquiabierto.

—¡Tú...!

El campamento quedó en silencio. La tensión era tan densa que costaba hasta respirar.

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