El hombre esbozó una sonrisa.
—Esa fue la única vez. Pensé que jamás volvería a tener la oportunidad de estar así de cerca de ti.
Dicho esto, le echó un vistazo a su pierna envuelta en gruesos vendajes.
—Viéndolo bien, valió la pena que me lastimaran esta pierna.
Melisa no se quedó mucho más tiempo en la tienda de Dani.
Afuera, Renato tosió a propósito para avisarles.
—¡Coronel, Nicanor viene para acá!
El ambiente romántico se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.
Aunque Dani tenía la pierna mal, sus brazos seguían siendo fuertes y la bajó con cuidado de regreso a la silla de ruedas.
Para cuando Nicanor entró, los dos estaban con la ropa arreglada y con cara de que no había pasado nada.
El recién llegado los miró con sospecha por un segundo antes de dirigirse a Melisa:
—El abuelo dice que ya nos vamos de regreso. Vine por ti.
Melisa volteó a ver a Dani.
—¿Y tú?
—Más al rato —contestó él—. Adelántate.
Nicanor empujó la silla de ruedas de Melisa.
En el camino, soltó de repente:
—¿Te gusta?
Melisa hizo una pausa y le devolvió la pregunta:
—¿A ti no te cae bien?
Nicanor respondió:
—Si te digo que a mí no me cae bien, y al abuelo tampoco, ¿seguirías viéndolo?
Melisa no supo qué responder.
Al instante siguiente, una mano grande le alborotó el cabello y Nicanor habló de nuevo:
—La verdad es que admiro a Dani. Estuvo dispuesto a arriesgar el pellejo por ti. Solo por ese detalle, tiene derecho a invitar a salir a mi increíble hermana.
Ella lo miró hacia arriba y sonrió un poco.
Como ella necesitaba reposo por la lesión en la pierna, la fiesta de bienvenida y la presentación oficial a la familia se pospusieron.
La noticia de que ella, Mateo y Dani estaban heridos se mantuvo en secreto gracias a un acuerdo entre los Núñez y los Soto.
La alta sociedad no tenía idea de lo que pasaba y empezaron a circular chismes.
A Leopoldo le dolía ver así a su nieta, así que le prohibió salir durante un buen rato.
Además, no dejaba de mandarle vitaminas y suplementos carísimos a su cuarto.
Melisa sabía que era una muestra de cariño de sus hermanos y de su abuelo, así que se portó bien y se quedó descansando en la mansión, hasta que recibió una llamada de Teresa Manrique.
Teresa le había hecho caso a Melisa y usó los fondos de Comercial Novierra para irse de viaje.

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