—Eso es demasiado común. Cualquiera lo copia o ni le prestan atención.
Melisa lo pensó un momento y le dio una idea más brillante:
—Hazlo más artístico. Por ejemplo, puedes bordar tu firma con un hilo transparente del mismo color en las venas de una hoja, o en el reverso de un detalle. O esconder un símbolo primaveral en el forro, como una semillita minúscula, pero impreso con una tinta que solo se vea con luz ultravioleta.
A Teresa le encantó la idea y entendió enseguida lo que tenía que hacer.
—¡Entendido!
Después de arreglar eso, Melisa por fin se acordó de preguntar:
—¿Qué fue lo que pasó hoy en Comercial Novierra?
—Al parecer, vino gente de las oficinas de Elegancia a checar la empresa. Unos inversionistas se encerraron con el gerente de finanzas. No sé de qué platicaron, pero todos salieron con una cara de funeral —le contó Teresa—. Por eso me salí de ahí.
Melisa soltó una risita.
—Estaban seguros de que, si nos cortaban el presupuesto y nos quitaban las fábricas, cerraríamos todas las tiendas físicas y la empresa se iría a la quiebra. Como ya pasó un buen rato y seguimos a flote, seguramente vinieron a husmear en nuestros números.
Teresa se asustó.
—¡No manches! ¿No nos irán a vaciar las cuentas?
—Jaja, si pudieran llevarse algo, no habrían salido con esas caras —respondió Melisa con total tranquilidad—. Yo estoy cubriendo todas las pérdidas de la empresa, pero ten por seguro que contigo a bordo, no estaremos perdiendo dinero por mucho tiempo.
A Teresa le fascinaba sentir que su ídola confiaba en ella, pero se acordó de los chismes que había escuchado y no pudo evitar soltarlo:
—Como no has ido a la oficina, no sabes las cosas que andan diciendo de ti a tus espaldas. Me dio muchísimo coraje.
Melisa llevaba días encerrada y la verdad es que no tenía idea de los nuevos chismes.
Tomó un sorbo del café que tenía a la mano y dijo relajada:
—A ver, platícame.
Teresa, bastante indignada, empezó a contarle:
—Dicen que, como eres la heredera recién encontrada de los Núñez y todavía no te hacen tu fiesta de bienvenida, y hasta la pospusieron, seguro es porque la familia no te soporta. O que tienes algún defecto. También andan diciendo... que no tienes ni idea de negocios, que eres una interesada, que no sabes nada pero quieres hacerte pasar por una mujer empoderada.
Teresa se iba enojando más y empezó a hablar rapidísimo:
—Dicen que eres una terca por meterle dinero al barril sin fondo que es Comercial Novierra, en contra de lo que decía la señora de allá. ¡Que eres una tonta! Que corriste a todo el equipo que mandaron de Elegancia por pura envidia y porque eres una resentida que no tolera a nadie. ¡Hablan a lo puro tonto sin saber nada! ¡Me dio un coraje!
Del otro lado de la línea, Melisa escuchaba tranquilamente, sin inmutarse siquiera, como si la persona a la que estaban insultando fuera otra.
La puerta estaba entreabierta.
Melisa se detuvo y, por la rendija, vio a su hermano recargado en la cama.
Tenía el suero puesto y una mesita enfrente donde estaba en plena videollamada.
—¡El precio no es el único problema! Cortarnos el suministro de chips de la nada es inaceptable. Seguimos bajo contrato; lo que están haciendo es una violación a nuestro acuerdo.
Alguien del otro lado dijo algo que le llegó a Mateo por los audífonos, poniéndole peor cara.
—Ya sé que las cosas están tensas en el estrecho de Pérez y que por eso cortaron los chips militares. Lo entiendo. ¡Pero no tiene ninguna lógica que nos bloqueen los comerciales! ¡Soy un hombre de negocios! ¡Quiero generar ganancias, no verme arrastrado a discursos patrióticos!
Le contestaron otra cosa y la junta se cortó de golpe.
Mateo, furioso, se arrancó los audífonos y los aventó al piso; rebotaron hasta la puerta.
Fue entonces cuando Mateo se dio cuenta de que Melisa estaba en la entrada.
De inmediato respiró profundo para calmarse y le habló con tono suave:
—Hermanita, ¿qué pasó? Todavía no es hora de cambiarte el vendaje.

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