Dani se explicó:
—La Universidad de Brusto es la segunda mejor universidad de todo el país y está en el norte. Piénsalo bien, ¿por qué alguien que estudia en el norte tendría un acento tan marcado del sur, y con tonadita de La Esperanza? Por mucho que intentó disimularlo, se le notaba a leguas.
La mirada de Melisa no mostró asombro ante el análisis; simplemente comentó:
—También podría ser que la chica sea del sur pero estudie la carrera en el norte.
—Tienes razón, pero...
Dani recordó la escena y continuó analizando:
—Esa joven tenía las manos llenas de callos, manchas en la cara de tanto asolearse y un hombro más bajo que el otro. Esas cosas casi nunca se ven en un estudiante. Más bien parece alguien de rancho, alguien que está acostumbrado a cargar cosas pesadas.
—Mira, como ella. —Dani bajó la velocidad del coche y señaló despreocupadamente a una mujer que caminaba por la calle cargando unas canastas—. ¿Ya viste? Cuando le metes mucho peso a un solo lado y haces trabajo pesado todos los días, terminas así.
—Tú dime, si de verdad fuera una estudiante secuestrada, ¿crees que el cabrón que la compró la dejaría salir solita a fletarse con trabajo pesado sin miedo a que se pele?
El coche se detuvo frente a la delegación. Melisa observó la entrada oscura del lugar bajo la noche y dijo en tono sombrío:
—O a lo mejor la policía está coludida. Todo el pueblo de La Esperanza es un infierno.
Dani tenía una expresión seria.
—Tengo a mi gente lista para moverse en cualquier momento. Tú no te apures, investiga lo que tengas que investigar. Si algo sale mal, yo te cubro las espaldas.
Melisa esbozó una sonrisa.
—Va.
Melisa entró a la delegación. Solo había dos personas en el área de recepción.
Tras explicar a qué iba, uno de los policías se levantó.
—Aguánteme tantito, la declaración de la tarde la tiene mi compañero en su escritorio.
Melisa observó cómo el oficial se ponía de pie. Su mirada se detuvo en la pierna del hombre, y entrecerró los ojos.
Estaba lisiado.
El otro policía comentó con una sonrisa:
—Por eso todo el mundo aquí adora a nuestro alcalde. Aunque estés lisiado, si le echas ganas, él te consigue un jale para que saques pa' la papa. Es a toda madre.

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