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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 495

Al día siguiente.

Melisa fue a recorrer la fábrica de teñidos de Carmen Torres. Todo el lugar funcionaba con una línea de producción estandarizada; en cada área, los obreros trabajaban con sus respectivos uniformes frente a las máquinas. No había manera de encontrar ni un solo defecto.

Cuando ella y Dani salieron de la fábrica y caminaban por la calle buscando algo para comer, escucharon llantos y súplicas desde un callejón.

Melisa se acercó y vio a la mujer de ayer, la que decía ser estudiante. Su esposo le soltó una bofetada que la lanzó contra un rincón, luego se la echó al hombro y salió corriendo. Desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

Dani soltó un bufido.

—Vaya, qué casualidad.

Melisa volteó hacia él y le dijo:

—Está clarísimo que esa pobre muchacha anda en problemas. Vamos corriendo a la delegación para que los policías vayan a investigar.

Dani arqueó una sonrisa.

—Tiene toda la razón, señorita Melisa.

La camioneta arrancó a toda velocidad y llegó a la delegación municipal. Era la hora de la comida, y en la recepción estaba el mismo policía cojo de la noche anterior.

El hombre se sorprendió al verlos, pero al enterarse de lo que había pasado, se levantó con buena disposición y les dijo:

—Ya que insisten, los acompaño a la casa de los Hernán para echar un vistazo. Nomás que viven retirado, hay que tener cuidado en la terracería porque el camino está re feo.

—No se preocupe —sonrió Melisa levemente—. Mi chofer es muy experimentado, seguro que no habrá problema.

El oficial asintió.

—Vámonos en mi patrulla, a ver qué pedo —dijo David, dando unos golpecitos a la ventana de la camioneta—. Esta chingadera está muy grandota, van a batallar en la terracería. Aparte no hay muro de contención, si se van al barranco no me hago responsable.

Tras esto, Melisa y Dani se subieron a la patrulla. Salieron por la puerta trasera de la delegación en vez de la principal. Los halcones de Yago se quedaron vigilando la entrada durante casi una hora. Al ver que no salían, se metieron a preguntar y les avisaron que ya llevaban una hora de camino rumbo al cerro para visitar a la esposa de los Hernán.

Cuando el chisme llegó a oídos de Yago, su expresión se oscureció.

—¿Me estás diciendo que la señorita Núñez se fue a meter a la casa de ese carnicero?

—Así es —afirmó el halcón—. El que se fue a atender el reporte fue el oficial David, el hermano mayor. Seguro nomás dan una vuelta para que chequen y ya se regresan. ¿Quiere que vaya a dar un rondín?

Yago se quedó pensando un momento y luego preguntó:

—¿Desde cuándo se trajeron a la vieja de Hilario Córdova? Ya llovió bastante, ni siquiera me acordaba que se había agarrado a una universitaria. Ve a averiguar qué onda.

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