El rostro de Yago estaba tan tenso que parecía a punto de estallar. De lo que ocurrió hace años, solo Joaquina sabía una parte. Desde el principio, Melisa supo que Hilario quería matarla, así que le siguió el juego y armó todo este circo solo para descubrir la verdad de su desaparición.
Lo más seguro era que Melisa ya supiera que Camila estaba metida hasta el cuello en todo eso, y que él era el principal cómplice.
—Cierren la boca y que nadie diga una palabra de esto —ordenó Yago—. Lo que ella está investigando no tiene nada que ver con el secuestro de la mujer de Hilario. Pero les aseguro que a La Esperanza se le vienen tiempos oscuros. Den la orden a todos: de seguro vendrán inspectores del gobierno a investigar, así que no dejen ni un solo cabo suelto. No quiero errores.
El grupo bajó con una gran preocupación encima. Alguien no aguantó más y se quejó:
—¿Qué demonios estaba pensando Hilario? ¿Para qué inventar excusas y usar a su mujer para engañar a la heredera y hacerla subir a la montaña?
Yago no respondió. En cuanto llegaron a la base de la montaña y tuvo señal, llamó de inmediato a Camila.
—¡¿No dijo usted que no nos meteríamos con Melisa?! ¡¿Por qué mandó a alguien a matarla por su cuenta?! —le gritó Yago al teléfono—. ¡¿Tiene idea del problema en el que nos metió?! ¡Esa niña es más lista que el diablo, nos engañó a todos con su carita de inocente y nos usó como marionetas!
Camila, que estaba disfrutando de un tratamiento facial en un spa de lujo, se sentó de golpe y las rodajas de pepino se le cayeron de los ojos.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con eso?
Yago se dio cuenta en un segundo de que Camila no tenía idea del asunto. De inmediato, cambió el tono:
—Melisa no vino a La Esperanza por el tema de las telas. Vino a investigar cómo la secuestraron hace años. Y los únicos que sabemos esa verdad somos Joaquina y yo. Pero Hilario, a mis espaldas, intentó silenciar a Melisa. Si el plan hubiera funcionado, no habría problema, ¡pero fracasó! Lo más probable es que Melisa ya vaya de regreso a Santa María en secreto, y se llevó a Joaquina y a otros más con ella. Me temo que esto va a estallar, y si eso pasa, ninguno de nosotros se va a salvar.
»Señora Blanca, casi nadie conoce el pasado de Hilario. Yo lo conozco mejor que nadie, ¡estoy seguro de que alguien le pagó para hacer el trabajo sucio! Tiene que pensar bien quién tiene el poder suficiente para darle órdenes y hacer que matara a alguien a mis espaldas, arruinándolo todo.
Camila sintió un nudo en el estómago. Con una mirada, le indicó al personal que saliera de la sala y bajó la voz:
—Si no hubiera sido por tu incompetencia, ella no habría escapado la primera vez y no hubieras tenido que entregarme a otra niña para cubrirte. ¿Creíste que no me iba a dar cuenta? Si no hubiera estado presionada por tener que rendirle cuentas a ese hombre poderoso del gobierno, y si no hubiera sentido un poco de lástima, te juro que la habría cazado hasta el fin del mundo para deshacerme de ella. ¡Nos habríamos ahorrado todos estos problemas!
Con un tono sombrío, Camila continuó:
—Ya que las cosas están así, asegúrate de borrar cualquier rastro y diles a tus hombres que se mantengan callados. Aunque Melisa les haya sacado la verdad a esos infelices, si los investigadores del gobierno no encuentran pruebas, con el tiempo el asunto se quedará en el olvido.

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