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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 505

[Invitaciones bañadas en oro. La familia Núñez le grita al mundo: Melisa es su mayor tesoro.]

[¡Se acabaron los chismes! Una fiesta sin precedentes para Melisa: ¡los Núñez tiran la casa por la ventana por su hija!]

Titulares de este estilo acapararon las portadas de todos los medios y las listas de tendencias. Todo el internet era un escándalo, y los comentarios de envidia y asombro no paraban de llover.

—¡No manches! ¡Eso no es una invitación, es el aguinaldo completo!

—¡¿Más de mil invitaciones?! ¡¿Los Núñez se gastaron casi cien millones de pesos nada más en repartir papeles?! La pobreza no me deja imaginar cosas así.

—¿Y dónde están los que andaban diciendo que a Melisa no la querían? Con este nivel de atención, está clarísimo que es la consentida de la familia.

—Oigan, ¿la heredera no necesita a alguien que le cargue las bolsas? Tengo título de universidad.

Con regalos tan espléndidos, los medios de comunicación no se guardaron ni un solo halago.

Describieron con lujo de detalle las impresionantes remodelaciones en la mansión Núñez, desde las flores traídas del extranjero en aviones privados hasta el equipo de chefs de talla internacional contratado para el banquete. Resaltaron cada mínimo detalle, pintándolo como el evento más exclusivo y fastuoso de la década.

El mensaje central de todos los reportajes era clarísimo: el estatus de Melisa dentro de la familia Núñez era intocable, indiscutible e inmensamente poderoso.

Toda esa avalancha de notas positivas blindaba a Melisa frente a cualquier ataque.

Ya no era esa pobre joven abandonada a su suerte o menospreciada; ahora era la heredera a la que toda su familia recibía con los brazos abiertos y a la que buscaban compensar por todo el tiempo perdido. Eso la dejó en una posición intocable y obligó a cualquiera que quisiera perjudicarla a pensarlo dos veces antes de enfrentarse a la furia de los Núñez y al juicio público.

Mientras tanto, Claudia leía las noticias en su casa. Su rostro, siempre arreglado, casi se deforma de la pura rabia. Estampó el celular contra la mesa con todas sus fuerzas.

¡Esa maldita Melisa era como una cucaracha! ¡Se suponía que debía haberse podrido en La Esperanza! ¿Por qué demonios había regresado con vida?

Claudia agarró el teléfono y marcó el número de Hilario. Apenas contestaron, Camila entró a la casa. Su madre caminaba hacia ella echando humo por las orejas.

Claudia, hecha un manojo de nervios, colgó de golpe.

—Mamá...

¡Pum!

Una sonora bofetada le cruzó el rostro. Claudia cayó al suelo, se llevó las manos a la mejilla y la miró, sin dar crédito a lo que acababa de pasar.

—¡Mamá!

Lorenzo Blanca, que iba pasando por ahí, frunció el ceño y se detuvo en seco.

—¿Ahora qué hizo mi hermana?

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