—Viéndolo así, su velocidad sí es lentísima. Si ganaban, era por Melisa.
—Y como ella ni era miembro oficial, no la amarraba ningún reglamento. Podía cambiarse de equipo sin bronca. ¡Ni contrato tenía!
Por lo que Melisa dijo, la opinión pública se volcó por completo a su favor.
La gente empezó a señalar al equipo de Lucas.
—¡Qué descaro! La chava era la que más se partía la madre y ni siquiera le daban el lugar oficial. Y todavía la dejaban fuera del podio.
—¡Y siendo del mismo equipo, solo dejaban que Verónica, “la única chica”, subiera a recibir el premio! No, bueno… favoritismo al máximo.
Entre comentarios y reclamos, los del equipo de Lucas quedaron con la cabeza agachada, sin poder sostener la mirada.
Los jueces también resolvieron rápido: declararon válido el resultado del equipo de Vicente y confirmaron que la condición de Melisa como piloto del equipo era totalmente legal.
Lucas nunca había tragado una humillación así, pero no pudo refutar nada: cada palabra de Melisa era verdad. Y él, honestamente, nunca se había puesto a pensar que a Melisa le importara.
Desde las gradas le gritaron una y otra vez “¡favoritismo!”, acusándolo de haber favorecido a Verónica.
En ese momento, Melisa soltó el micrófono, caminó hasta Verónica, levantó la mano y le soltó un puñetazo directo en la cara. Hubo un grito colectivo; incluso varios empezaron a gritar:
—¡Bien hecho! ¡Dale más a esa ratera que se robó el lugar!
Verónica chilló y cayó al piso. Lucas reaccionó y se metió a detenerla.
—¡Melisa! ¡Ya basta! ¿No te alcanza con vernos así? ¿Qué más quieres?


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