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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 521

Vera acomodó al gato en sus brazos, soltó un seco «los estaré esperando» y se dio la media vuelta.

A la mitad de la entrega de regalos, un alboroto en la entrada del salón de banquetes interrumpió el evento. Tres patrullas con las sirenas a todo volumen se detuvieron en la puerta principal, cortando de tajo las risas y pláticas de los invitados.

Todos voltearon curiosos.

—A estas horas, ¿qué hace aquí la policía?

—Sí, ¿a quién vienen a arrestar?

La mirada de Camila se oscureció y una sonrisa perversa se dibujó en sus labios. El momento era perfecto; ya habían llegado.

Yago entró al salón acompañado de varios policías de su municipio y otros agentes de Santa María. Traían consigo una orden oficial.

Se pararon en medio del lugar, levantaron un documento con un sello rojo y, con una voz fuerte y fría que cortó la música de fondo, anunciaron:

—Atención a todos, disculpen la interrupción. Somos agentes de investigación de la fuerza conjunta de La Esperanza y Santa María.

El oficial al mando, con el rostro serio y una mirada penetrante clavada en Melisa, que estaba en el balcón, continuó:

—Venimos a ejecutar una orden de comparecencia obligatoria contra la señorita Melisa, quien figura como sospechosa en una investigación en curso.

—¿Sospechosa?

—¿Orden de presentación para Melisa?

—¡¿El primer día que regresa la heredera de la familia Núñez y ya hay un escándalo de esta magnitud?!

El salón quedó en un silencio sepulcral, seguido de un murmullo ensordecedor. Las caras de todos reflejaban asombro e incredulidad.

El oficial ignoró el alboroto y siguió con tono estrictamente profesional:

—Según las pruebas y denuncias recibidas en La Esperanza, la señorita Melisa es sospechosa de estar involucrada en la desaparición de varios pobladores hace unos días. ¡Se le acusa preliminarmente de delitos graves como secuestro y privación ilegal de la libertad! Aquí está el citatorio, ¡le pedimos a la señorita que nos acompañe para ser investigada!

¡La noticia cayó como bomba entre los invitados!

—¡¿Qué?! ¡¿Secuestro?!

—No... ¿cómo va a ser? ¿La heredera de los Núñez secuestrando pueblerinos?

—¡Dios mío, esta fiesta parece telenovela!

—¿La Esperanza? ¿Ese no es el lugar del que platicaba Camila hace rato? ¿Será verdad? ¿De verdad secuestró al dueño de una fábrica nomás para conseguir unas telas y participar en El Torneo Central?

El ambiente se tensó al máximo. La gran fiesta de bienvenida se había transformado de pronto en una escena de tensión absoluta.

A pesar de estar resguardada por su familia y de las miradas acusadoras de todos, Melisa no mostró ni una pizca de nerviosismo. Les dio unas palmaditas en el brazo a sus hermanos para tranquilizarlos, salió de su círculo de protección y enfrentó a los policías con total serenidad.

Tomó el micrófono y, frente a todos los invitados, declaró:

—Es cierto que sé dónde están esos pobladores, pero no fue ningún secuestro.

—¿Cómo que no es secuestro? ¿Acaso no obligó al dueño de la fábrica y se lo llevó a la fuerza solo por unas cuantas telas? —se atrevió a preguntar uno de los herederos presentes.

—¿Y a ti quién te dijo que yo secuestraría a alguien por algo tan insignificante como unas telas? —le contestó Melisa.

El muchacho, sin pensar mucho, respondió:

—Pues todos lo andaban diciendo ahorita... que tú y Claudia se estaban peleando por las mismas telas y que terminaste secuestrando al dueño.

Claudia se adelantó de inmediato:

—Seguro hay un malentendido. Si mi prima de verdad quería esas telas, yo se las hubiera cedido con gusto.

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