Era un avión que ya había despegado y tuvo que regresar. Cuando se abrió la puerta, Dani estaba sentado adentro con una postura impecable. Miró a Susana, que traía el pelo hecho un desastre por el viento.
—¿Qué le pasó a mi futura esposa?
Susana puso los ojos en blanco.
—De verdad que estás babeando por Melisa. Si no la hubiera mencionado, seguro me dejabas tirada. Con tal de que tenga que ver con ella, eres capaz de botar cualquier asunto importante.
Dani no cambió de expresión.
—¿Te vas a subir al avión o prefieres irte nadando?
Sin decir más, Susana jaló a Paula y se subieron al avión.
***
Con el tiempo encima, ambas lograron llegar a la isla justo antes de que empezara el evento.
Susana llevó a Paula a toda prisa hacia los camerinos. Dani tenía pensado irse de inmediato, pero tras escuchar un breve reporte de Renato, decidió bajar del avión y dirigirse al recinto con absoluta tranquilidad.
El lugar estaba lleno de gente yendo y viniendo. Paula, que de por sí estaba débil por la pérdida de sangre, se mareó, tropezó y terminó chocando contra una chica que pasaba cargando un portatrajes.
Susana no alcanzó a agarrarla, y la asistente que iba al lado tampoco pudo evitarlo; ambas se llevaron un buen susto.
—¡Ah!
La chica, al verla venirse encima y temiendo que el vestido se dañara, estiró el brazo y la apartó con fuerza.
Paula cayó sentada en el suelo con un quejido, y los oídos le empezaron a zumbar.
La asistente, que apenas había recuperado el equilibrio abrazando el vestido, ni siquiera le vio la cara antes de empezar a gritarle:
—¡¿Qué te pasa?! ¡¿No te fijas por dónde caminas?! ¡Qué pinche susto me metiste!
Paula, que ya estaba frágil, sintió que la vista se le nublaba por completo con el empujón. La herida de su muñeca le lanzó una punzada de dolor y no tuvo fuerzas para levantarse.
—Perdón —dijo Paula, consciente de que había sido su culpa, aguantando el malestar físico.
—¡Traigo el vestido para la apertura del desfile! ¡Si le pasa algo, no te va a alcanzar la vida para pagarlo! —le reclamó la asistente mientras revisaba el portatrajes con desesperación.
Al ver la escena, Susana se acercó de inmediato para ayudar a Paula a levantarse. Frunció el ceño y le gritó a la asistente:
—¡Oye, tampoco tenías por qué aventarla! ¿No ves que se siente mal?
En ese momento, una voz con un tono dulzón pero arrogante interrumpió la pelea:
—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué tanto alboroto en el pasillo? ¿No saben que ya va a empezar el evento?
Alba se abrió paso rodeada de un séquito. Llevaba una bata y el maquillaje impecable. Al ver el desastre, su cara mostró un claro disgusto.
Sin embargo, cuando su mirada cayó en Paula —que seguía recargada en Susana, más pálida que un papel— se quedó congelada un segundo antes de esbozar una sonrisa burlona.
—¿Paula? —fingió sorpresa y caminó hacia ella—. ¿Tú también vienes a modelar para alguna marca?
Los ojos de Paula se llenaron de odio al instante.
—¿Te sientes muy chingona?
—Ay, para nada —respondió Alba con cara de inocente. De reojo notó las tenues manchas de sangre en la muñeca de Paula. De inmediato se acercó y le agarró el brazo con falsa preocupación—. ¡Ay, Paula! ¿Qué te pasó en la muñeca? Sé que perder el apoyo de Nicanor en el trabajo ha sido duro, pero tampoco era para que intentaras matarte.
Paula le dio un manotazo para soltarse. Susana la cubrió con su cuerpo y miró con desprecio la cara de triunfo de Alba.
—¿No que andabas muy hundida hace poco? Te corrieron de Luz Dorada Films y las redes estaban llenas de porquería sobre ti. ¿Cómo le hiciste para resucitar de la noche a la mañana? ¿A qué hombre rico te le fuiste a colgar ahora?

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