El estilo tan único de la gabardina también atrajo a un montón de chavas que se volvieron sus fans de la noche a la mañana. Todas estaban ansiosas por ver el diseño completo.
Melisa mantuvo una expresión tranquila; no se le veía ni una gota de preocupación.
—¿Y cuál es el problema?
—Teníamos planeado que Susana Villafañe y Tobías Barbosa vinieran hoy a las ocho de la noche para las pruebas de maquillaje y peinado —dijo la gerente—. Íbamos a tomar las fotos para la portada y usarlas como promoción el día del evento. Pero ahora vamos a quedar muy rezagados en comparación con Alba. Si publicamos después, podríamos generar una polémica.
A Rocío no le parecía algo de qué preocuparse.
—Si hablamos de fama, Alba no le llega ni a los talones a Tobías y Susana. Además, nosotros tenemos toda una colección de temporada y ella solo presumió un atuendo. No hay forma de que nos ganen.
—Ignórenlo, sigan con el plan tal como estaba —ordenó Melisa, devolviéndole la tablet a la gerente—. No importa si salimos un poco después, de todos modos, solo nos servirán para destacar aún más.
***
Como era un evento donde participaban diseñadores de todo el mundo, la competencia se organizó en una isla privada propiedad exclusiva de la Real Academia de Bellas Artes.
En la pequeña isla solo había un enorme recinto artístico que los estudiantes de la academia solían usar para sus jornadas de pintura al aire libre.
La mañana del concurso, Susana, que debía haber llegado a la isla en un vuelo temprano, no aparecía por ningún lado. Tobías, en cambio, llegó muy puntual y ya lo estaban peinando y maquillando.
El asistente encargado de coordinar con Susana no lograba comunicarse con ella. Temiendo que hubiera tenido un accidente en el camino, se puso en contacto de inmediato con Melisa.
Melisa sabía que Susana no era de las que dejaban tirado un compromiso. Estaba a punto de rastrear la ubicación de su celular cuando por fin entró la llamada de la cantante.
—Una disculpa, señorita Serrano, tuve un contratiempo —se escuchó la voz de Susana, evidentemente agotada.
Melisa frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
—Quiero pedirte un favor. —Susana tomó aire—. ¿Verdad que me tocan dos cambios de ropa? Quiero cederle uno a Paula Esquivel.
Melisa alzó una ceja.
—¿Vas a romper el contrato?
—Es complicado de explicar —dijo Susana, pasándose una mano por el cabello—. Paula fue la protagonista de uno de mis videos musicales. De hecho, escribí una canción inspirada en ella; por un tiempo, fue mi mayor musa.
—¿Y luego? —indagó Melisa.
—Esta mañana intentó suicidarse en su departamento. Quería marcarle a Nicanor Núñez, pero por error me llamó a mí. Sentí que algo andaba mal, así que fui a buscarla. Apenas la dejé en el hospital. Menos mal que no se cortó ninguna arteria y ya está fuera de peligro.
Melisa frunció el ceño aún más.
—¿Intentó matarse otra vez por culpa de Nicanor?
Susana se frotó la frente y miró de reojo a la mujer que tenía al lado.

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