Los seguidores de Alba incluso aprovecharon para lavarle la imagen:
«Seguro grabaron el video a escondidas. Si tras bambalinas esos dizque artistas de la música maltratan así a nuestra Alba, ¿cómo va a ser ella la mala del cuento? ¡Le han estado tendiendo trampas desde el principio!»
Los fans de Susana no se quedaron callados y contraatacaron:
«Susana es transparente y siempre dice lo que piensa sin pelos en la lengua. Si odia tanto a Alba, ¡es porque de seguro esa vieja es una mustia hipócrita!»
El escándalo llegó a tal nivel que hasta la cuenta oficial de Elegancia publicó un comunicado:
[@Alba, enfócate en lo tuyo, la gente siempre notará tu luz. ¡Nos vemos en la pasarela!]
Cuando los fans de Alba vieron que una marca oficial la respaldaba, los ataques hacia Susana se volvieron mucho más despiadados.
Comercial Novierra, que había estado en completo silencio desde su cambio de dueños, rompió el hielo y publicó un mensaje corto:
[Payasos]
Esa simple palabra, suelta y sin contexto en la cuenta de Comercial Novierra, cayó como gasolina en el fuego, haciendo que el caos en las redes sociales explotara a niveles estratosféricos.
***
Paula entró al taller de Comercial Novierra detrás de Tobías. Aún llevaba la venda en la muñeca y se veía demacrada.
—Hubo un problema allá afuera, por eso nos tardamos —murmuró Paula.
—Lo sé. Yo mandé a Tobías a buscarlos. —Melisa la miró de reojo y su vista se detuvo en el rostro de Paula, completamente libre de maquillaje.
A decir verdad, Paula tenía facciones hermosas y bastante juveniles. Sin embargo, las duras experiencias que había vivido le habían dado una madurez y un porte de mujer muy distintivo, totalmente opuesto al aire infantil que Alba intentaba forzar.
Ese tipo de elegancia natural era, en realidad, mucho más sofisticado.
De repente, Melisa volteó a ver la gabardina que representaba a la Primavera y le pidió a Teresa que se la acercara.
Cuando trajeron el perchero, Paula notó de inmediato que era idéntica a la que Alba había subido en su foto. Abrió los ojos como platos.
—Esa... ¿esa ropa no es de Elegancia? La vi en las redes de Alba.
—Elegancia nos plagió el diseño —aclaró Susana con un bufido molesto—. Son todos unos rateros.
Después de la sorpresa inicial, Paula pensó que tenía sentido. Conocía las habilidades de Melisa; si ella decía que Elegancia era la que había copiado, entonces así era.
A fin de cuentas, cada vez que armaban campañas de odio en internet contra Melisa, ella terminaba callándoles la boca de la peor manera. Las mujeres de la familia Blanca ya habían salido perdiendo contra ella varias veces, y al parecer, esta vez también se habían metido en un problema del que no iban a salir bien.
Paula acarició la tela. La calidad y el corte eran tan exquisitos que no pudo evitar soltar un suspiro:
La mujer en el reflejo seguía pálida, pero el espectacular diseño de la gabardina la hacía brillar de una manera indescriptible.
Transmitía una fuerza y una elegancia inquebrantables, como alguien que había salido viva de una prueba devastadora.
A Teresa también le pareció que le quedaba pintada.
—Siento que no ocupas ni arreglarte —la elogió—. Así tal cual representas perfectamente lo que yo imagino que es la Primavera: el final del invierno y la vida nueva que brota de la tierra.
Esa era una profundidad que la vibra infantil y forzada de Alba jamás podría igualar.
Susana dejó escapar un suspiro de alivio.
—Viendo esto, parece que la prenda siempre estuvo destinada a Paula.
—No. Su significado y concepto están diseñados para que cualquiera pueda lucirla. —Melisa la observó de arriba a abajo—. Lo del maquillaje es cierto, así de cara lavada te ves muy bien. Y no te quites la venda de la muñeca, funciona perfecto como un accesorio.
Paula, que había perdido casi toda su seguridad en una industria donde a cada rato salían caras nuevas, se tocó el rostro con duda.
—¿De verdad no me van a maquillar?
—¿Crees que estás fea o que no das el ancho? —le regresó la pregunta Melisa.

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