Paula se quedó en silencio. Había entrado al mundo del espectáculo desde muy joven, trabajando duro para ganarse su lugar, pero los recursos que Nicanor le dio la llevaron a otro nivel. Eso también le hizo darse cuenta de que esa industria era solo el terreno de juego de los hombres poderosos; si ellos querían, podían volver famosa a cualquiera y llenarla de oportunidades.
Alba era la ansiedad y la pesadilla que Nicanor le había traído, una rival hecha prácticamente a su medida.
—Tengo talento y no soy fea —dijo Paula en voz baja—. Pero empecé desde abajo, luchando paso a paso para llegar a donde estoy. Sin un patrocinador que me respalde, es muy difícil conseguir lo que quiero. Te escribí una carta antes; de hecho, te busqué en aquel entonces porque estaban en la etapa de casting para un guion llamado *La Loba*, y el director estaba decidiendo entre Alba y yo. Quería usarte para dejar en ridículo a Alba y quedarme con el papel.
Lástima que en ese entonces Melisa estaba súper ocupada y ni la peló.
El guion terminó en manos de Alba, porque era más joven y les gustaba más a esos tipos.
—En el mundo del espectáculo, si quieres destacar, necesitas apoyarte en alguien poderoso —murmuró Paula—. Y yo no tengo a nadie cubriéndome la espalda.
Melisa la observó en silencio. Aún recordaba la primera vez que la vio; era una chica atrevida, capaz de plantarle cara a su hermano, Nicanor. Y ahora, en menos de un año, se había encogido por la falta de oportunidades, perdiendo toda su chispa.
—Antes de conocer a mi hermano, ¿tenías a alguien respaldándote? —preguntó Melisa.
Paula negó con la cabeza por instinto, apresurándose a explicar: —Él fue mi primer patrocinador. De verdad creí que podríamos llegar a ser una pareja de verdad.
—¿Y cómo te iba en ese entonces? —insistió Melisa.
Paula se quedó sin palabras por un momento antes de responder lentamente: —Acababa de ser nominada a mejor actriz de reparto. En general, me iba bastante bien.
—Así que esa nominación no la conseguiste por andar con un pez gordo —Melisa la miró con una media sonrisa.
Susana intervino de pronto: —Si me fijé en ti desde el principio, fue porque vi a una chica trabajadora y con ganas de superarse. La fuerza que transmitías me dio la inspiración musical que necesitaba.
Paula se quedó pasmada.
De repente se dio cuenta de que siempre había estado mejorando por su cuenta, pero Nicanor le había mostrado un mundo de lujos inalcanzables que la deslumbró. Se había perdido en esa vida superficial, acostumbrándose a las campañas publicitarias de marcas de lujo que empezaron a llegarle solas y a los guiones que recibía sin esfuerzo alguno.
Se había vuelto floja.
—Ya entendí cuál fue mi error —dijo Paula en voz baja—. Gracias.
—Aún no es tarde. Eres joven —agregó Susana.
Melisa checó la hora. —Ya casi es el momento. Les queda una hora para terminar con todo el arreglo.
Una vez que todos estuvieron organizados, Melisa le pidió a Rocío que checara las cámaras de seguridad del pasillo donde había ocurrido el incidente. Sin embargo, en la sala de monitoreo le dijeron que justo esa cámara se había descompuesto y estaba en mantenimiento.

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