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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 543

Alba se achicó ante la actitud intimidante de Nicanor. Apretó los dientes, dio un pisotón de coraje y le soltó un «esto no se va a quedar así» antes de salir corriendo.

Susana chasqueó la lengua con desprecio.

—De seguro ya se agarró a un tipo con más poder que Nicanor, si no, ni de chiste se atrevería a tanto.

—¿Con más poder que yo? En todo Monteverde, solo los grandes políticos podrían ponerse al tú por tú conmigo.

Nicanor torció la boca, hablando con un tono de lo más relajado.

Melisa lo miró y parpadeó. Esos ojos tan expresivos hicieron que Nicanor sintiera una ternura inusual. Le pellizcó la mejilla.

—¿No crees que deberías invitarme a comer?

—La verdad sí te debo una buena comida, hoy me salvaste el pellejo. —Melisa le quitó la mano de la cara—. ¿Qué se te antoja?

Apenas terminó de hablar, una muchacha se acercó corriendo con un ramo enorme.

—¡Señorita Serrano! ¡Señorita Serrano! Le mandan estas flores.

Melisa recibió el arreglo lleno de rosas amarillas, y la chica se alejó a toda prisa.

Melisa olió el agradable perfume de las flores y le dijo a Nicanor con resignación:

—Oye, ¿por qué me mandas rosas? No me apliques tus tácticas de ligue, ¡qué incómodo!

—Yo no fui —respondió Nicanor, echándole un ojo a las flores con el ceño fruncido—. ¿Qué idiota te echó el ojo ahora y te anda mandando regalitos?

Melisa no entendía nada.

—Pues ni idea.

—Seguro fue Dani —dijo Susana con una risita burlona—. Ese tipo se hace el serio, pero bien que se le dan estos detalles.

Melisa se sorprendió.

—¿Vino para acá?

—Ajá —intervino Paula—. Gracias a ti, Dani aceptó traernos en el helicóptero de su empresa. Si hubiéramos querido tomar un vuelo comercial o rentar uno privado, ni de chiste llegábamos a tiempo al torneo.

Melisa cayó en cuenta y le preguntó a Nicanor:

—Oye, ¿tú fuiste el que recuperó los videos de las cámaras de los vestidores y me los mandó?

Nicanor negó con la cabeza, muy confundido.

—Si me pides que arregle una moto o modifique un arma, ahí sí te ayudo, pero eso de andar de hacker no se me da.

Melisa lo entendió todo. Había sido Dani. Pero, si ya estaba ahí, ¿por qué no fue a verla?

—¿Y en dónde está?

—Parece que le salió un asunto de trabajo —comentó Susana—. Cuando veníamos en el helicóptero, vimos un montón de aviones militares. Seguro pasó algo en el mar y tuvo que atender una emergencia.

La mesa estaba repleta de platillos del mar. Sin darse cuenta, Teresa ya llevaba varias encima.

Se levantó mareada y caminó tambaleándose hacia la salida.

Nicanor, al verla, se paró rápido y le agarró el brazo para evitar que se cayera.

—¿A dónde vas?

—Al baño —balbuceó Teresa mientras se zafaba de su agarre. Lo miró de reojo y murmuró—: No me toques.

Nicanor creyó haber escuchado mal. Se le acercó con una mirada amenazadora.

—¿Qué dijiste?

El alcohol la había desinhibido por completo. Se soltó de un tirón, dio dos pasos hacia atrás y, con la mirada nublada por la borrachera y llena de asco, le soltó un comentario que le pegó justo en el ego:

—Pinche mujeriego, me das asco.

Nicanor se quedó de piedra. Estaba seguro de que no había escuchado mal. ¡Esa muchachita borracha sí que tenía agallas!

De pronto, escuchó una risita a sus espaldas.

Nicanor volteó con cara de pocos amigos. Susana, que no le tenía ni una pizca de miedo, se burló:

—Vaya, quién diría que llegaría el día en que una mujer te hiciera el feo. Es la primera vez que te bajan de tu nube, ¿verdad?

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