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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 548

—Quizá pueda ayudar.

Mientras hablaba, la mirada de Melisa ya había escaneado rápidamente el estado del paciente, los datos de los monitores, los instrumentos y las medicinas en la bandeja.

El médico militar cayó en cuenta de inmediato de quién era ella: el legendario Médico Milagroso al que incluso Gilberto Villanueva llamaba maestro.

Al instante se tragó su mal genio.

—Vaya a desinfectarse y cámbiese, le ganaré algo de tiempo.

Los pacientes que pasaban por las manos de Melisa solían ser casos críticos y extraños. Incluso con un paciente que daba náuseas de solo verlo, ella podía hacerse cargo sin inmutarse y continuar con el procedimiento quirúrgico.

Su forma de actuar y sus técnicas dejaron boquiabiertos a los médicos militares que ayudaban en la emergencia; les daban ganas de tomar apuntes ahí mismo.

Aquel herido, que ya estaba prácticamente desahuciado, vio su presión arterial subir gracias a las maniobras de Melisa, y sus signos vitales se estabilizaron poco a poco.

La operación duró casi diez horas, pero Melisa logró salvar al único testigo vivo.

Todos en la sala de urgencias soltaron un suspiro de alivio.

—Al menos no fue en vano. Logramos salvar al único testigo clave.

El médico militar siguió a Melisa al salir de urgencias. Se quitó el cubrebocas manchado de sangre; se le notaba el agotamiento en la cara, pero más que nada, una gratitud que le quitaba un peso de encima.

Inhaló profundo antes de dirigirse a Melisa en un tono muy serio y sincero:

—Doctora Serrano, ¡se lo agradezco muchísimo! Si no hubiera llegado a tiempo para salvar la situación, habríamos tenido que ver cómo se nos iba esta última vida.

Melisa, que traía un dulce en la boca, asintió levemente.

—Este asunto llegará a los medios de todo el país en poco tiempo. Cuiden bien de ese testigo clave.

El médico asintió con fuerza.

—Estaremos monitoreando su evolución a cada minuto.

La enfermera militar guio a Melisa a través de las zonas restringidas del puerto.

—El coronel está ahorita en los muelles. Trajeron de vuelta lo que quedó del "Victoria" y lograron sacar del agua a los demás fallecidos. El ambiente por allá no es nada bueno, ¿prefiere ir a descansar un rato?

La enfermera le comentó en voz baja:

—Desde que el coronel regresó, se quedó ahí esperando a que sacaran y trajeran estos cuerpos. No hizo caso a nadie que intentó convencerlo de irse.

Melisa jaló aire frío y le dijo a la enfermera:

—Pásame el paraguas, puedes ir a atender tus asuntos.

Tomó el paraguas y se quedó observándolo a la distancia un rato antes de acercarse caminando despacio.

—Dani —lo llamó Melisa en voz baja.

El hombre volteó la cabeza. La luz remarcó la línea tensa de su mandíbula. Su perfil, en ese juego de luces y sombras, se veía duro y frío. Sus labios apretados y sus ojos hundidos dejaban entrever una emoción a punto de quebrarse que él intentaba contener a toda costa.

No es que no estuviera acostumbrado a la muerte o a la guerra, pero treinta personas habían muerto por culpa de su decisión fallida, y la presión era tanta que apenas podía controlar sus nervios.

Sentía que el cuerpo le ardía; un dolor punzante le nacía en el pecho y se le extendía por las extremidades, dejándole los labios pálidos.

—¿Qué haces aquí? —su voz sonaba ronca—. Hace frío, no te vayas a enfermar, regrésate ahorita.

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