Lo dijo con total seguridad.
Cuando trajeron a ese único testigo con vida, el médico militar le había dicho que ya no había nada que hacer. La única persona capaz de hacer milagros no podía ser otra que ella.
El médico militar que estaba a un lado exclamó admirado:
—Todo fue gracias a la señorita Serrano. Con su ayuda pudimos completar una cirugía de diez horas y salvar al paciente cuando ya parecía imposible.
Dani cruzó miradas con el pescador que recién despertaba de su desmayo, y apretó con fuerza la mano de Melisa.
—Gracias por el esfuerzo.
Melisa negó levemente con la cabeza.
—No fue nada.
En cuanto el pescador vio a Dani, se alteró de inmediato. El efecto de los analgésicos aún no pasaba, así que pudo soltar un reclamo con la garganta ronca:
—¡¿Por qué dejaron que nos hundieran a cañonazos?! ¡¿Por qué?! ¡Si vimos clarito que el barco de rescate ya estaba ahí cerca!
Se le salían los ojos del coraje y los monitores médicos empezaron a sonar. El médico militar rápidamente se llevó al paciente lejos de Dani.
Melisa lo jaló hacia el interior de la clínica, se dio la vuelta para tomar un par de ampolletas y mezclarlas, y luego regresó. Le subió la manga, desinfectó la zona y lo inyectó.
—Aunque ya sepamos quién movió los hilos, no tenemos pruebas sólidas en las manos, vas a tener que aguantar vara un rato con las críticas.
—Lo sé —dijo Dani, viendo cómo el líquido semitransparente entraba a su cuerpo. La sensación abrasadora que recorría su cuerpo empezó a ceder poco a poco—. Algún tipo de equipo debió haber bloqueado la señal. Dejé a algunos de mis muchachos en la zona para ver si pueden rescatar algo útil del fondo.
Melisa sacó la aguja y le presionó para detener el sangrado.
—Presiona aquí dos minutos. Esta dosis será suficiente para que aguantes hasta que te inyecten el Nexo-7. Yo puedo ayudarte a investigar.
Dani relajó el ceño. Al ver la preocupación en los ojos de ella, sintió el corazón cálido y suave.
La jaló hacia él, de modo que ella quedó de pie y él sentado. El hombre la rodeó con los brazos, apoyó la cabeza en su pecho y bajó el tono de voz.
—No quiero que te la pases preocupada por mí, solo quiero que seas feliz y la pases bien. —Su voz se apagó un poco—. Pero siempre está muy cañón lograrlo.
—¿Significa esto que el error de juicio del coronel Dani causó directamente la muerte de veintinueve pescadores?
—¿Qué va a hacer la Marina para evitar que ocurra este tipo de "retrasos" en el futuro?
—¿Van a castigar al coronel Dani por esto?
Las preguntas se ponían cada vez más pesadas. Iván solo se limitaba a contestar con las típicas frases de relaciones públicas como "estamos investigando a fondo el asunto" o "hay que esperar los resultados finales".
En internet, la gente estaba agarrándose del chongo, dividida en dos bandos. Claramente había alguien moviendo los hilos desde las sombras para culpar a Dani de todo por ser conservador.
Al mismo tiempo, Dani estaba dándole la cara a las familias de las víctimas en una sala de descanso del puerto militar.
Ahí el ambiente era mil veces más denso que en la rueda de prensa.
Puro llanto y mentadas de madre; el lugar apestaba a desesperación y coraje.
—¡¿Por qué no fueron a salvarnos?! ¡¿A poco no son la Marina?! —gritaba una señora mayor, que acababa de perder a su hijo, golpeando el pecho de Dani mientras el guardia a su lado la detenía con suavidad.

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