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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 556

Aunque dijeran que no iban a grabar, justo frente a la silla había una cámara de video montada en un trípode.

Los hombres la rodearon por instinto, acorralando a Melisa en el centro.

Melisa vio cómo la luz roja de la cámara parpadeaba mientras el falso chofer la manipulaba y preguntó: —¿Ya están grabando?

Hasta ese momento, seguía tan tranquila que incluso les sugirió: —¿No prefieren cerrar la puerta de la bodega?

Algunos de los hombres al verla tan serena sintieron un escalofrío. ¿Qué clase de heredera rica cooperaba con tanta calma?

Sin embargo, hubo uno que, desesperado por bajarse los pantalones, fue a cerrar la puerta. Melisa, de lo más amable, incluso les pidió que le pusieran seguro.

Un candado aseguró la puerta de metal, la llave cayó al suelo junto a la mesa y los hombres se acercaron a ella frotándose las manos.

Pero las cosas no salieron como esperaban.

Melisa caminó directo hacia la mesa y tomó un largo látigo negro, el objeto que mejor podía servir como arma.

El falso chofer fue el primero en acercarse. Al ver el látigo en su mano, sonrió con malicia: —Vaya, la señorita Serrano prefiere los juegos rudos.

Melisa lo miró y esbozó una sonrisa extraña. —Así es, parece que tenemos los mismos gustos.

Agitó el látigo. Aquel objeto que parecía un juguete sexual de pronto zumbó en el aire con fuerza y le cortó la cara al falso chofer, abriéndole la piel.

Desde el interior de esa bodega cerrada y oculta entre el monte, estallaron incontables gritos de dolor.

Unos minutos después, Melisa se sentó en la silla con la ropa impecable y se acomodó el cabello, apenas desordenado. A su alrededor, todos los hombres estaban tirados en el suelo.

—Ni siquiera usé un tercio de la fuerza que necesité cuando peleé por mi vida —dijo con calma—. Los matones que contrató Julio son una basura.

—¡Piedad! ¡Perdónanos la vida!

Los hombres no paraban de suplicar. Jamás imaginaron que aquella joven de aspecto frágil peleara con una brutalidad semejante.

Melisa los miró desde arriba y preguntó sin alterarse: —¿De quién fue la brillante idea de traer a tantos para violarme? ¿De Julio?

Melisa salió de la bodega sin prisas. Una camioneta negra a toda velocidad salió del camino de tierra y frenó de golpe justo frente a ella.

Dani bajó del vehículo de un salto, caminó rápido hacia ella y la tomó por los hombros, con el rostro tenso. —Vi que no llegabas. Chequé las cámaras del bar y me di cuenta de que tu coche tomó la ruta contraria. Supe que algo andaba mal y vine de inmediato.

En ese momento, la puerta de la bodega se abrió y más de diez hombres salieron cojeando, apoyándose unos a otros.

La mirada de Dani pasó por los matones magullados, con las caras hinchadas, algunos con fracturas evidentes y quejándose del dolor, para luego volver al rostro sereno de Melisa.

Su mandíbula tensa se relajó y un ligero brillo de diversión cruzó por sus ojos.

—Ya vi que me preocupé a lo tonto.

La soltó de los hombros y le tomó la mano con naturalidad, acariciando el dorso con el pulgar para asegurarse de que no tuviera ni un rasguño. —La próxima vez que pase algo así, avísame primero. No es que dude de ti, es que no quiero que te canses.

Lo dijo con mucha naturalidad, demostrando que estaba dispuesto a protegerla de cualquier cosa.

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