—Dani.
Matías Soto se acercó y se apoyó en el barandal, justo al lado de él.
Mirando hacia abajo y viendo a los dos vestidos de pareja, Matías habló con un tono de lástima exagerada:
—¿Acaso la señorita Núñez ya se enteró de tu situación? Qué rápido se fue con el heredero de los Durán. Resultó ser bastante interesada.
Dani dejó de mover su copa.
El cristal reflejó su mirada fría y profunda.
—¿Ah, sí? Es solo un baile. ¿Qué prueba eso?
Al ver que Dani no se inmutaba, Matías se acercó un poco más y bajó la voz, intentando meterle cizaña:
—Dani, sé que te duele. Una mujer tan preciosa como Melisa debería estar a tu lado. Que ella haga esto nos deja en ridículo a toda la familia Soto.
Matías hizo una pausa para estudiar la expresión de Dani.
Al ver que Dani seguía sin ceder, redobló la presión:
—Sé que siempre has preferido ser cauteloso e ir paso a paso. ¿Pero mira los resultados? Lo ocurrido con el Victoria dejó decenas de muertos, ¡y la prensa te está echando toda la culpa por tu supuesta negligencia! Estás suspendido por las autoridades, nuestras acciones están por los suelos y hasta la mujer que te importa se está alejando... Si no hacemos algo, ¿vamos a dejar que el prestigio de un siglo de la familia Soto se vaya al demonio?
Dani levantó la comisura de los labios en una sonrisa de lo más fría.
—Escuchándote, parece que yo soy el gran culpable de todo.
Matías no lograba descifrar lo que estaba pensando, pero al toparse con esa mirada tan oscura, sintió un nudo en el estómago.
—Matías, últimamente he oído que hay infiltrados en las fuerzas del orden. Dime, ¿cuántos de tus amiguitos radicales están metidos en eso?
La pregunta tan directa casi hizo que Matías perdiera el control. Se le abrieron los ojos de la impresión.
—¿Infiltrados?
Dani dejó su copa vacía en la bandeja de un mesero que pasaba. Se enderezó, separándose del barandal, y se acomodó su impecable traje gris con movimientos elegantes y calmados.
—Sí. Y quién sabe, igual y hasta tengo alguno a mi lado.
Matías sintió que se le aceleraba el pulso, pero fingió sorpresa para no delatarse:
—¿Cómo crees? Acabo de regresar al país y la verdad es que no estoy muy enterado de eso. Solo te di un consejo basándome en lo que veo. Al fin y al cabo, el Grupo Soto es la obra de toda una vida de nuestro abuelo, no podemos dejar que se hunda estando nosotros a cargo.
Luna se acercó y agarró a Matías del brazo.

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