No se enojó, ni siquiera frunció el ceño.
Su mirada se posó en la pareja que bailaba en el centro de la pista. Al ver la mano de Melisa apoyada suavemente en el hombro de Ángel, le molestó un poco, pero sabía que ella tenía sus razones para hacer las cosas.
—Lucía —dijo con voz tranquila, sin revelar la más mínima emoción, como si solo estuviera relatando un hecho cotidiano—, no te dejes llevar solo por lo que ves.
Se giró lentamente para mirarla de frente, con una mirada tan penetrante e intimidante que hizo que Lucía se tensara por instinto.
—¿Un baile y un par de chismes son suficientes para que asegures que hay una traición? —soltó una risita, con un toque de burla casi imperceptible—. ¿Qué te pasó antes, Lucía? ¿Te han engañado mucho?
El rostro de Lucía se endureció de inmediato.
—¡Solo te estoy advirtiendo! Ignoras a la mujer que te ofrece un corazón sincero y dejas que una trepadora te vea la cara de idiota.
***
El baile entre Melisa y Ángel provocó muchos murmullos a su alrededor.
Por supuesto, ella también escuchó los susurros. Se sentía algo fastidiada y le molestaba que Ángel hubiera tomado esa iniciativa, pero no dejó que nada de eso se reflejara en su rostro.
Durante el baile, Ángel no se sobrepasó en ningún momento; simplemente disfrutaba de esos minutos junto a una mujer tan deslumbrante como ella.
Al terminar la canción, él soltó su cintura con cuidado y suspiró por lo bajo.
—Ojalá te hubiera conocido antes. Espero no haber llegado demasiado tarde.
Melisa se apartó de su toque y respondió con frialdad:
—No habrá una próxima vez. Estoy cansada.
Desde que subió al barco no había comido nada, y con el desgaste del baile, ya le rugía el estómago.
Aprovechando la pausa entre una canción y otra, Melisa levantó un poco su vestido y se dirigió a la mesa de postres para buscar algo de comer.
Justo cuando iba a tomar una galleta, una mano se extendió desde atrás, la tomó del brazo y tiró de ella suavemente hacia atrás.
El aire en la cubierta estaba cargado de perfumes distintos, y por eso Melisa no reconoció de inmediato quién la había sujetado por detrás. Asumió por inercia que era Ángel siendo insistente.
Frunció el ceño y forcejeó un poco.
—Ya te dije que quiero descansar un rato.
Al voltear, se dio cuenta de que se había equivocado de mano.
Ella se apoyó en sus hombros mientras él la tomaba de la cintura, levantándola con facilidad para darle una vuelta. Al aterrizar, Melisa apoyó la mejilla en su hombro y preguntó en voz baja:
—¿Qué haces aquí?
—¿No es obvio? —La voz que venía desde arriba sonaba relajada, pero escondía una pizca de celos—. Vine a ahuyentar a tus admiradores y a cerrarle la boca a los metiches.
Bajo las luces, la chica levantó la cabeza para mirarlo. Su rostro, habitualmente frío, llevaba un maquillaje sutil que la hacía lucir tan atractiva y tierna como una inocente joven de dieciocho años. El lazo de su pequeña cintura quedó atrapado en la gran mano del hombre, y la cercanía de sus cuerpos generaba una atmósfera muy íntima.
Entre ellos existía una conexión imposible de reproducir con cualquier otra persona.
—Parece que estás un poco preocupado.
La música se volvió más suave. Melisa pasó los brazos alrededor del cuello de él, ajustándose a un ritmo más lento.
—Lo estoy —admitió él con franqueza, bajando la voz—. ¿Qué hacemos?
Melisa sonrió.
—Entonces me encargo de ti.
—Je —soltó una risa grave. Al inclinar la cabeza, su nariz recta casi rozó la de la chica. Parecía que iba a besarla, pero tuvo que detenerse cuando los últimos acordes de la melodía se desvanecieron.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA