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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 580

Lleno de coraje y frustración, Ángel le soltó un puñetazo a la pared, incapaz de desahogarse de otra manera, y se fue del pasillo.

Ya dentro de su habitación, Dani escuchó el golpe amortiguado. Sin inmutarse, abrió la puerta del balcón y, con el sonido ensordecedor de las olas de fondo, sacó su celular e hizo una llamada.

—El contrato de los cargueros en el extranjero... ponlo en pausa.

—¿Hubo algún problema, jefe? —respondieron del otro lado.

Dani contestó con total parsimonia:

—Ninguno. Solo recordé que los Durán son buenos armando los barcos, pero les falta supervisión. Que la familia Soto se encargue de la gestión y auditoría del proyecto. Nuestras acciones han bajado un poco últimamente; desviar algo de presupuesto hacia nosotros calmará a los inversionistas.

—Entendido. Haré que la gente de los Durán se ponga en contacto con usted.

—Que sea en estos dos días —ordenó Dani.

—Como ordene, jefe.

***

—¡No manches! ¡No sabía que el señor Núñez fuera tan bueno en el billar! —exclamó Jimena, caminando detrás de Melisa con tono adulador—. Señorita Núñez, qué envidia tener un hermano así. Tan guapo, protector y con un carácter tan lindo. En nuestro círculo, ya casi no quedan hombres así.

Melisa siguió caminando sin detenerse y soltó sin rodeos:

—Entonces, ¿te la has pasado persiguiéndome desde que subimos al barco solo para acercarte a mi hermano?

Jimena frenó en seco, pero enseguida apuró el paso para alcanzarla.

—¡Ay, no! Yo de verdad quiero que seamos amigas, señorita Núñez... Bueno, más bien, su humilde compañera —corrigió rápidamente con una sonrisa nerviosa.

La familia de Jimena apenas tenía peso en ese círculo de millonarios. Al haber perdido la influencia de Claudia y sin ningún compromiso arreglado a la vista, le urgía pegarse a alguien importante.

El botones abrió las dobles puertas del salón de banquetes. Al entrar, Jimena escuchó la melodía de un piano y aprovechó para cambiar el tema incómodo.

—¡Híjole, qué bonito tocan el piano aquí! —dijo con una risa falsa.

Aún no se acercaban, pero Melisa ya había divisado a la persona conocida sentada frente al piano de cola en el escenario central.

Jimena también se dio cuenta de quién era y metió reversa de inmediato:

—Aunque, la verdad, ponerse a tocar el piano en una fiesta así hace que una se vea como parte del entretenimiento de la noche. Qué manera de rebajarse.

Sus palabras llegaron claritas a los oídos de Claudia. Sus dedos dudaron sobre las teclas, pero el cortés Sebastián se inclinó hacia ella para ofrecerle una copa de vino.

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