Fondo Patrimonial Alcázar tenía políticas extremadamente estrictas para sus colaboraciones y manejo de fondos, ni hablar de cuando se trataba de un contrato multimillonario. Ángel, por supuesto, no se atrevía a ser negligente y hasta pensó en ofrecerse a desviar el barco de inmediato para acelerar el proceso.
Sin embargo, los representantes del Fondo Patrimonial Alcázar le informaron que podían enviar los documentos directamente en helicóptero.
Considerando que todos los invitados de la alta sociedad estaban a bordo, Ángel pensó que sería una excelente oportunidad para presumir su poderío frente a todos, así que aceptó sin dudarlo.
La noticia de que la gente del Fondo Patrimonial Alcázar llegaría esa misma noche en helicóptero para entregar los documentos del contrato no tardó en esparcirse por todo el barco.
Dentro del salón de banquetes, el ambiente alcanzó su punto máximo de euforia.
Volvieron a armar la torre de copas de champaña y la música suave fue reemplazada por melodías festivas y triunfales.
Todos rodearon a Ángel con sonrisas aduladoras y entusiastas, como si ya se hubiera convertido en la figura más poderosa de Santa María.
—¡Señor Durán, muchísimas felicidades! Cerrar un contrato multimillonario es un golpe maestro que lo cambia todo —le decían.
—¡Ahí le encargamos a los viejos amigos, no se olvide de nosotros!
—¡Parece que el futuro del mundo empresarial de Santa María está en manos del señor Durán!
Los halagos no paraban de llover.
Ángel, con su copa en la mano, mantenía una sonrisa de falsa modestia, disfrutando al máximo ser el centro de atención.
Su mirada se desviaba de vez en cuando hacia Dani, quien estaba de pie a lo lejos junto a una ventana, platicando en voz baja con Orfeo y Melisa. Al verlo, una sensación de superioridad y victoria estuvo a punto de desbordarse de su pecho.
Finalmente, alguien no pudo contenerse y, con un tono adulador pero con la clara intención de hacer leña del árbol caído, levantó la voz a propósito:
—Si me lo preguntan, los negocios son como la guerra: renovarse o morir. La trayectoria de los grandes es de respetarse, pero los tiempos cambian. Hay que darle paso a una nueva generación, porque quien ya no puede avanzar solo termina estorbando.
Aunque no mencionó nombres, la indirecta iba directo a la yugular de Dani.
Un pequeño grupo le siguió la corriente, mirando a Dani con lástima, decepción e incluso con un desprecio mal disimulado.
—Pobre señor Soto, los años no pasan en vano. Ya no está para este tipo de cosas.
—¡Ya llegaron! ¡Ahí viene la gente del Fondo Patrimonial Alcázar! —gritó alguien con emoción.
Todas las miradas se desviaron de inmediato. Las puertas automáticas de cristal del salón de banquetes se abrieron, dejando entrar la brisa salada del mar mezclada con el rugido del motor del helicóptero.
Los invitados se hicieron a un lado por iniciativa propia, formando un pasillo y mirando hacia la entrada con evidente expectación.
Ángel se acomodó la corbata, luciendo una sonrisa de triunfo total, y se adelantó para recibirlos.
En su mente, ya se veía con el contrato en la mano, recibiendo las ovaciones y felicitaciones de todo el salón.
Un momento después, un grupo de hombres y mujeres con impecables trajes a la medida y una presencia imponente entraron al salón, guiados por la tripulación.
Al frente venía una mujer de unos cuarenta años, con lentes de armazón dorado y un aura de ejecutiva de alto nivel. Llevaba en sus manos un maletín negro sellado y recorrió el lugar con una mirada afilada.
—¿Quién de ustedes es el señor Soto? —preguntó con voz clara y serena.

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