Después de cenar, Dani y Melisa llegaron al gran salón, que esa noche estaba reservado exclusivamente para que las familias más poderosas hicieran contactos y cerraran negocios.
Los asistentes estaban reunidos en pequeños grupos, charlando animadamente. Aunque muchas miradas curiosas se dirigieron hacia Dani, el trato que recibió fue frío en comparación con la adulación que le daban en el pasado.
Orfeo apareció vestido con un impecable traje blanco y un pequeño moño rosado en el cuello, proyectando un aura tan apacible como la luz de la luna.
Con una copa de vino en la mano, se acercó a Melisa y le ofreció un vaso de jugo de naranja que había tomado de la bandeja de un mesero.
—Me enteré de que los señores Almeida fueron hoy a un orfanato a adoptar a un niño —comentó en voz baja—. Conociéndolos, dudo que realmente vayan a desheredar a Julio. Supongo que es puro teatro para convencer a Claudia, ¿no?
Melisa asintió con una sonrisa.
—Lo más seguro.
—Y ese tal Sebastián... ¿es amigo tuyo? —preguntó Orfeo con la misma gentileza—. Desde que llegaste, no te ha quitado los ojos de encima.
Melisa no lo negó.
—Solo estoy dejando que las cosas sigan su curso.
Orfeo soltó una risita, mirándola con pura adoración.
—Traviesa.
Tras intercambiar unas palabras con su hermana, Orfeo se volvió hacia Dani con un tono un poco más serio.
—Hace un rato fui a saludar al abuelo a su sala de descanso y me contaron algo interesante. Dicen que Ángel está presionando a todos los empresarios y familias para que rompan cualquier contrato contigo. ¿De verdad ya se declararon la guerra por completo?
Dani ni siquiera se inmutó.
—Solo está haciendo un berrinche de niño chiquito. Ya le tocará llorar.
Orfeo lo observó por unos segundos y sonrió.
—El abuelo opinó exactamente lo mismo. Supongo que me sentaré a esperar el espectáculo.
—Mejor toca algo, Melisa quiere escucharte —intervino Dani.
—Justo compuse una pieza nueva —dijo Orfeo—. Escúchala, hermanita, y me das tu opinión.
Pedirle su opinión no era más que un gesto de modestia. Aunque Melisa tenía talento musical, su hermano Orfeo era un auténtico prodigio, y su técnica estaba a otro nivel.
Cuando comenzó a tocar el piano, el bullicio del salón se apagó por completo. Todos contuvieron la respiración, dejándose llevar por la hipnótica melodía. Al terminar, el lugar estalló en aplausos.
El hecho de que Orfeo tocara ya era un favor enorme que le daba prestigio al evento de Ángel. Sin embargo, se limitó a una sola pieza. Cuando la multitud le pidió a gritos que tocara otra, él se negó con una sonrisa elegante, bromeando:
—Mis honorarios por presentación son muy caros.
Como los invitados insistían, Ángel se vio obligado a acercarse personalmente para pedirle otra canción, pero recibió la misma respuesta.
—Habíamos quedado en una sola melodía —le dijo Orfeo, sonriendo—. Pedir más ya es avaricia.
Ángel no pudo insistir y, tratando de disimular, le pidió que bajara del escenario.
—En ese caso, podríamos aprovechar para hablar de negocios.
Después de contestar varias seguidas, Dani le dio una orden clara a su asistente:
—Si están dispuestos a pagar la penalización, cancela el contrato.
Poco después, un empresario que había hecho su fortuna en la industria del acero se acercó a Dani con una copa en la mano y una sonrisa nerviosa.
—No me lo tome a mal, Dani. Romper el trato así de golpe no es nada personal, es solo que los Durán nos ofrecieron mejores condiciones. Además, nos prometieron que trabajaríamos en el proyecto del Fondo Patrimonial Alcázar... Nadie le dice que no a un contrato internacional con esos márgenes de ganancia. Le invito un trago.
Dani chocó su copa con la de él y le dio un sorbo a su bebida, muy relajado.
—¿Estás seguro de que asociarte con Ángel te dejará tantas ganancias? ¿Y si resulta que ese contrato multimillonario nunca estuvo en sus manos?
—Imposible. Eso ya es un hecho, toda la ciudad lo sabe —respondió el hombre, confiado.
—¿Y de cuánto va a ser la penalización que me vas a pagar?
—La mitad de mi patrimonio, más o menos —admitió el empresario—. Pero frente a los millones del Fondo Patrimonial Alcázar, eso es pura calderrilla. Con que Ángel me tire un hueso en la obra de acero, tendré suficiente para forrarme de billetes.
Dani esbozó una ligera sonrisa y volvió a alzar su copa.
—Entonces, espero que todos tus sueños se hagan realidad.
Al mismo tiempo, Ángel recibió un mensaje en su celular.
Los representantes del Fondo Patrimonial Alcázar le escribían de urgencia. Necesitaban entregarle los documentos del contrato y querían saber su ubicación exacta.

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