Aquellas familias adineradas que se habían dejado llevar por las palabras de Ángel y cortaron lazos con Dani por miedo a hundirse con él, ahora se querían dar de topes contra la pared.
—¡Habíamos llegado a un acuerdo! ¡No pueden simplemente cambiar de opinión cuando se les dé la gana! ¡¿De dónde sacaron a un gestor de la nada?! ¡¿Qué les dio Dani para que hicieran esto?! —Ángel perdió los estribos, dejando de lado su habitual fachada de humildad.
La representante del Fondo Patrimonial Alcázar le respondió con total tranquilidad:
—Señor Durán, las promesas de palabra no cuentan en las decisiones finales. En cuanto a lo que el señor Soto nos ofreció...
Ella sonrió ligeramente.
—¿Cree que necesitamos que alguien nos ofrezca algo? ¿Acaso no tiene idea de la magnitud de los activos globales del Fondo Patrimonial Alcázar? La verdad es que sus preguntas me hacen dudar bastante de su profesionalismo. Parece que el señor Soto tomó la decisión correcta.
Las palabras de la mujer estaban cargadas de sarcasmo.
Ángel sabía perfectamente el tamaño del Fondo Patrimonial Alcázar. No era solo una empresa con mucho dinero; estaba metida en prácticamente todos los sectores rentables del planeta. ¡Casi todas las personas en las listas de multimillonarios mundiales utilizaban sus fondos de inversión!
¡Detrás de ellos había una red de contactos que asustaría a cualquiera!
Decir que tenían más dinero que muchos países juntos era quedarse cortos.
Pero Ángel se negaba a creerlo. No podía aceptar que todo lo que había planeado con tanto cuidado, aquello que ya daba por suyo, hubiera terminado beneficiando a otra persona.
¡Y ese «alguien» era ni más ni menos que Dani, el hombre al que tanto se había esforzado por aplastar!
La magnitud de la derrota lo dejó aturdido por un instante.
Dani, ignorándolo por completo, se dirigió a la representante con voz serena:
—Mi asistente se encargará de afinar los detalles con ustedes.
—De acuerdo, señor Soto —respondió ella con reverencia, y tras una rápida despedida, se dio la media vuelta y salió con su equipo, sin perder un solo segundo.
El salón quedó sumido en un silencio aplastante. Decenas de miradas se posaban sobre Dani, en una mezcla de miedo y ganas de adularlo.
Dani recorrió el lugar con la mirada. No había burla ni soberbia en sus ojos, solo la fría indiferencia de alguien que los veía desde lo alto.
Cuando la miró a Melisa, la frialdad desapareció de su expresión.
—Parece que ya no hay nada interesante aquí —le dijo, extendiéndole la mano con voz suave—. Escuché que habrá lluvia de estrellas, ¿vamos a verla?
Melisa lo miró, entendiendo todo a la perfección, y puso su mano sobre la de él.
—Vamos.

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