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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 596

La mirada de Melisa se suavizó, revelando una emoción que no pudo ocultar.

Pensó en el secreto entre Vera Mijares y su abuela; tal vez esa era la clave para ayudarlo.

«Te ayudaré», se prometió a sí misma.

***

Antes de que el barco atracara, ocurrió algo importante.

Sobre el asunto de su compromiso con Claudia, en cuanto el barco se acercó a la costa y hubo señal, Julio llamó a sus padres para decirles que se casaría con ella a como diera lugar.

Dante Almeida y su esposa se limitaron a responder: —Que tengas un feliz matrimonio. No esperes regalos ni herencia de nuestra parte, porque ya decidimos rehacer nuestra vida con otro hijo.

Julio, que todavía no dimensionaba la gravedad del asunto, colgó y se quejó con un amigo que lo acompañaba: —Nada más me están amenazando. No es como si de verdad me fueran a desconocer. De todos modos, Claudia y yo nos vamos a casar por el civil primero; mis papás van a ceder tarde o temprano cuando se den cuenta de lo buena que es.

Su amigo lo miró con cara de no poder creer tanta estupidez. —¿No checaste las noticias en internet cuando llegó la señal esta mañana?

—Qué noticias —preguntó Julio.

Sebastián, que iba pasando, intervino con una sonrisa: —Pues que tus papás de verdad te mandaron a volar.

—¡Sebastián! ¡A ti qué te importa! —Julio no soportaba a ese extranjero que intentaba bajarle a la novia—. ¡Lo que pasa es que estás celoso de que Claudia todavía me ama!

Sebastián se encogió de hombros. —Para nada, cero celos.

En cuanto se alejó, el amigo tomó del brazo a Julio y le tendió su celular. —Sebastián no se estaba burlando de ti, ¡es en serio! ¡Míralo tú mismo! ¡Tus papás de verdad te desheredaron!

Julio agarró el celular. Al leer el titular, su habitual expresión de arrogancia dio paso al terror y la incredulidad.

—¡Cómo crees!

La dulce sonrisa de Claudia se congeló en el acto. —¿Qué?

Julio intentó callarlo: —¡No le digas esas cosas!

Pero su amigo le apartó la mano de un manotazo y encaró a Claudia: —Es la pura verdad. Los señores Almeida dieron una rueda de prensa. Adoptaron a un niño y mandaron a Julio al diablo. De ahora en adelante, te va a tocar a ti mantenerlo, Claudia. Al fin y al cabo, aparte de gastarse la lana de sus papás, no sabe hacer absolutamente nada. Como lo amas tanto, seguro no tienes problema con que sea un inútil, ¿verdad?

Eso ya era demasiado. Julio estalló en furia: —¡Qué estupideces estás diciendo! ¡Lárgate de aquí! ¡A ver a quién le dices inútil!

Claudia palideció de golpe y, sin darse cuenta, soltó el brazo de Julio.

Lo barrió con la mirada, de arriba abajo, como si lo viera por primera vez. Sus ojos se llenaron de escrutinio y de una sutil sombra de asco.

—Julio... ¿es... es verdad lo que dice? —Su voz temblaba. Ya no sonaba dulce, sino llena del pánico de alguien que necesita confirmar lo peor.

Al notar el cambio en su mirada, Julio sintió un vacío en el pecho, pero se negó a creer que ella fuera tan interesada. Aferrándose a su última gota de orgullo, intentó tomarle la mano: —¡Claudia, no les hagas caso! Mis papás nada más están haciendo un berrinche. ¿Cómo crees que me van a dejar en la calle? ¡Soy su único hijo! En cuanto se les pase el coraje, seguro me buscan para que regrese.

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