La mirada de Melisa se suavizó, revelando una emoción que no pudo ocultar.
Pensó en el secreto entre Vera Mijares y su abuela; tal vez esa era la clave para ayudarlo.
«Te ayudaré», se prometió a sí misma.
***
Antes de que el barco atracara, ocurrió algo importante.
Sobre el asunto de su compromiso con Claudia, en cuanto el barco se acercó a la costa y hubo señal, Julio llamó a sus padres para decirles que se casaría con ella a como diera lugar.
Dante Almeida y su esposa se limitaron a responder: —Que tengas un feliz matrimonio. No esperes regalos ni herencia de nuestra parte, porque ya decidimos rehacer nuestra vida con otro hijo.
Julio, que todavía no dimensionaba la gravedad del asunto, colgó y se quejó con un amigo que lo acompañaba: —Nada más me están amenazando. No es como si de verdad me fueran a desconocer. De todos modos, Claudia y yo nos vamos a casar por el civil primero; mis papás van a ceder tarde o temprano cuando se den cuenta de lo buena que es.
Su amigo lo miró con cara de no poder creer tanta estupidez. —¿No checaste las noticias en internet cuando llegó la señal esta mañana?
—Qué noticias —preguntó Julio.
Sebastián, que iba pasando, intervino con una sonrisa: —Pues que tus papás de verdad te mandaron a volar.
—¡Sebastián! ¡A ti qué te importa! —Julio no soportaba a ese extranjero que intentaba bajarle a la novia—. ¡Lo que pasa es que estás celoso de que Claudia todavía me ama!
Sebastián se encogió de hombros. —Para nada, cero celos.
En cuanto se alejó, el amigo tomó del brazo a Julio y le tendió su celular. —Sebastián no se estaba burlando de ti, ¡es en serio! ¡Míralo tú mismo! ¡Tus papás de verdad te desheredaron!
Julio agarró el celular. Al leer el titular, su habitual expresión de arrogancia dio paso al terror y la incredulidad.
—¡Cómo crees!

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