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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 597

Claudia, que tenía que soportar que le tomara la mano y le rogara, estaba muerta de desesperación por dentro, pero no podía botarlo tan rápido. En el fondo, le costaba trabajo creer que a Julio lo hubieran desechado así nada más. ¡Era el único hijo biológico de los Almeida!

—No te voy a dejar solo —mintió Claudia.

Julio suspiró aliviado. Lo que no sabía era que, a escondidas, Claudia mandó mensajes para confirmar la noticia. Cuando le aseguraron que los padres de verdad lo habían desheredado, se quedó helada.

¡¿Tanto odiaban la idea de que estuviera con ella como para tirar a su propio hijo a la basura?!

Julio ahora no tenía ni en qué caerse muerto. Era un júnior que solo servía para gastar el dinero de sus papás. ¿Qué clase de futuro le esperaba a su lado?

Mientras trataba de idear un plan, se topó de nuevo con Sebastián. Al verlo, Claudia rompió en llanto y se escondió en un pasillo para sollozar.

Sebastián se detuvo, le puso una mano en el hombro con delicadeza y le preguntó: —¿Qué le pasa a esta hermosa mujer?

Claudia lo miró con los ojos llorosos y le dijo con voz lastimera: —Me enteré de que Julio se acostó con otra. Cuando le reclamé, me pegó... La verdad, ya dudo mucho de que pueda hacerme feliz.

Sebastián la abrazó con aparente ternura. —Un cobarde que le levanta la mano a una mujer no vale nada. Deberías dejarlo.

—Pero si lo dejo, nadie más me va a querer —lloriqueó—. Unas personas muy poderosas me tendieron una trampa, y para no meter en problemas a mi familia, asumí la culpa sola. Ya no tengo lugar en Santa María.

—Entonces yo te llevaré conmigo —soltó Sebastián sin dudar.

Al escuchar lo que quería, Claudia sintió que el corazón le daba un vuelco de alegría, pero mantuvo su expresión de duda.

Levantó la mirada llorosa y preguntó con timidez: —Sebastián, ¿de verdad... de verdad estás dispuesto a sacarme de aquí? Pero... yo no estoy a tu altura.

Sebastián le limpió las lágrimas con suavidad. Sus ojos azules reflejaban una lástima que parecía genuina. —No digas tonterías, Claudia. Eres hermosa y tienes un buen corazón, no mereces pasar por esto. Los únicos culpables son los que te hicieron daño. Vente conmigo a Europa. Allá nadie te conoce, podrás empezar de cero. Yo te cuidaré.

Esa promesa fue justo lo que Claudia necesitaba escuchar. De inmediato, el pánico de haber perdido la minita de oro de Julio desapareció, siendo reemplazado por una ambición mucho más ardiente.

¡Europa!

¡Un hombre mucho más rico y guapo que ese tonto de los Almeida!

¡Una vida nueva!

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