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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 598

Claudia sentía que se la tragaba la tierra de la vergüenza. En ese preciso instante, apareció Sebastián al volante de su lujoso Maybach, lo que fue un gancho al hígado para ella.

—Claudia, ¿necesitas aventón? —preguntó Sebastián bajando la ventanilla, con una sonrisa amable, ignorando por completo la cara de perro de Julio.

Claudia miró el auto brillante y luego a Julio, que no tenía en qué caerse muerto y solo sabía hacer corajes. La comparación fue instantánea en su mente.

Tomó su decisión en menos de un segundo.

—Sebastián, te lo agradecería muchísimo. —Forzó una mirada de disculpa hacia Julio—. Oye, la ciudad está lejísimos. Mejor nos vamos con él, ¿sí?

Sebastián dirigió su atención al muchacho: —Por respeto a Claudia, te doy un aventón, muerto de hambre.

—¿Muerto de hambre? ¡A quién le dices muerto de hambre! —Julio, que no toleraba que nadie le hablara así, levantó el puño para golpearlo por la ventana. Pero la paciencia de Claudia había llegado a su límite. Le agarró el brazo y le gritó enojada—: ¡Ya párale con tus berrinches! ¡Es el único que se ofreció a llevarnos! ¡O qué, te quieres ir caminando!

—Le hablo a un compa para que venga por mí —soltó Julio por instinto.

Sí tenía amigos ahí. Por desgracia, uno de ellos pasó manejando frente a él, se limitó a levantar la mano a modo de saludo y siguió su camino sin frenar, dejándolos envueltos en una nube de polvo.

Claudia no se contuvo y no se contuvo y le soltó una frase cruel: —¿A tu compa? Julio, ¿te vienes conmigo o te quedas?

Sin más opciones, y tragándose su orgullo, Julio se subió al coche.

Una vez más, sintió que haber terminado en la calle y siendo la burla de todos era por culpa de Claudia. Y para colmo, ella ni siquiera entendía lo que él estaba sufriendo. ¿De verdad valía la pena aferrarse a ella?

Durante todo el trayecto, se mantuvo inusualmente callado.

—Ya nos habían avisado que los ricachones andaban de fiesta en los yates. ¡Qué buena suerte que nos topamos con estas presas buenas, jajaja!

—Con ese pinche carrazo, ni cómo no verlos.

—¡A ver, escuchen bien! —bramó el líder de los matones, con voz ronca—. ¡Si quieren salir vivos, me van a soltar cien millones! ¡Un peso menos y se los carga la fregada! —Le aventó un celular de los viejitos a Claudia—. ¿Quién va a pagar?

Claudia, con el alma en un hilo, empezó a gritar: —¡¿Cien millones?! ¡Yo... yo no tengo esa cantidad!

Volteó a ver a Sebastián suplicando ayuda, pero él le respondió con impotencia: —Soy extranjero, todo mi dinero está en cuentas internacionales. No puedo transferir una cantidad tan brutal de golpe, los bancos me bloquearían para investigar a dónde va el dinero. Aparte, solo traje lo justo para mis vacaciones, de verdad no tengo efectivo a la mano.

Como Sebastián tenía toda la facha de turista, los secuestradores sabían que sacarle la lana iba a estar en chino. Así que se enfocaron en Claudia y Julio, dándoles golpecitos en la cara con los tubos de metal. —Y ustedes qué, ¿quién de los dos va a aflojar?

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