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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 603

—Iré —dijo Ángel en voz baja, con la garganta temblorosa—. Iré a pedirle disculpas y a rogarle que no nos hunda.

La abuela Durán observó todo y soltó un ligero suspiro:

—Ay... Dani es un buen muchacho, no es de los que destruyen por gusto. Si te disculpas de corazón y yo cumplo con el protocolo de cortesía, saldremos de esta.

Mirando a su nieto, que lucía derrotado, la anciana murmuró:

—Ángel, la empresa naval de los Durán es el esfuerzo de varias generaciones. Mantenerla a flote es muy difícil, pero todos cometemos errores. Espero que esto no te destruya el orgullo ni te quite las ganas de seguir adelante. Si te rindes, cientos de personas de nuestra familia y miles de trabajadores se quedarán en la calle.

Parado ahí, sintiendo el peso de la realidad, Ángel comprendió por primera vez la tremenda carga de llevar el destino de la familia sobre sus hombros.

La abuela Durán llevó a Ángel a visitar a los Soto, acompañados por los padres de Ángel que cargaban regalos.

Al entrar a la sala de espera, se dieron cuenta de que había varias personas ahí para ver a Dani.

Sin excepción, eran representantes de las empresas que Ángel había arrastrado en su plan, y todos traían regalos para pedir perdón.

En esa sala, cada mirada dirigida a Ángel estaba cargada de reproche y humillación.

Quería dar media vuelta y salir corriendo, pero para arreglar su error, se obligó a no moverse de ahí.

Después de esperar un rato junto con los demás, el mayordomo apareció para dar un anuncio:

—El señor Soto está muy ocupado últimamente. Sabe a qué vienen, pero no tiene tiempo para recibirlos. A excepción de los Durán, los demás pueden retirarse con sus regalos.

Los representantes de esas empresas empezaron a rogarle al mayordomo:

—¿No dijo el señor Soto nada sobre retomar nuestros contratos...?

El mayordomo sonrió con hipocresía:

—Lo dicho, dicho está. Lo que se canceló, se canceló. El señor Soto confía en que, con sus grandes habilidades, seguro sabrán salir adelante en Santa María aunque ya no trabajen con los Soto.

Al ver que aún querían suplicar, el mayordomo agregó:

—El señor también mencionó que le cagan los convenencieros, así que les sugiero no fastidiarlo más.

El mensaje fue más que claro, así que a esas personas no les quedó más remedio que irse con la cola entre las patas.

Finalmente, la abuela Durán y Ángel entraron al estudio donde Dani estaba sentado.

Jéssica Morales acababa de dejarle a un lado una tisana de frutas caliente y le dijo con suavidad:

—Fui al huerto en la mañana a recoger fruta fresca para hacerte este té. Quedó muy dulce, tómate un poco antes de seguir trabajando.

Dani respondió secamente:

—Mhm.

—Señor Soto, me equivoqué. Le ofrezco una disculpa —dijo Ángel sin levantar la vista, apretando los puños sobre sus muslos para contener la frustración que le hervía por dentro—. Sobre el contrato de miles de millones del Fondo Patrimonial Alcázar... espero que pueda cedernos una pequeña parte a los Durán. Tenemos las credenciales y, aunque nuestra tecnología está un poco por debajo de Industria Nexo, sigue siendo de primera. Por favor.

Al decir eso, Ángel bajó todavía más la cabeza.

La situación le resultaba casi intolerable, y esperar la respuesta de Dani lo tenía al borde del colapso.

A la abuela Durán le dolió verlo así, pero, poniendo a la familia primero, hizo el amago de inclinarse también frente a Dani.

—Todo esto también es responsabilidad mía por haber consentido demasiado a mi nieto. Yo también le pido perdón, Dani...

Al ver esto, Dani se levantó rápido y la sostuvo del brazo, diciendo en voz baja:

—La cosa no es para tanto como para que usted se humille de esta manera.

Dani ayudó a la señora a sentarse en el sofá, les indicó a los padres de Ángel que hicieran lo mismo y luego miró a Ángel, que seguía con la mirada clavada en el piso.

—Solo quería darle una lección a un joven que actuó sin pensar. Ya que reconoció su error, podemos seguir trabajando juntos. Eso sí, el porcentaje de ganancias para ustedes será mucho menor.

La abuela Durán soltó un suspiro de alivio y los padres de Ángel se apresuraron a darle las gracias a Dani.

Ángel, mirando las impecables puntas de los zapatos de Dani, respondió con voz ronca:

—Gracias, señor Soto.

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