Bajo el tratamiento de Melisa, que combinaba una dieta especial y medicamentos, el estado de Catalina Amaya se estabilizó bastante.
No solo podía hablar de forma fluida y coherente, sino que de vez en cuando ayudaba a las empleadas con las labores de la casa.
Frente a Melisa, una de las empleadas la llenó de halagos:
—Es increíble, ella sola hace el trabajo de tres de nosotras. A veces le decimos que ya descanse y ni así nos hace caso.
—No, para nada, no me cuesta nada ayudar —dijo Catalina, acercándose con una sonrisa inocente y agitando las manos.
Luego se aferró al brazo de Melisa:
—Mija, saliste varios días, ¿a dónde fuiste?
La señora Del Ríos intervino:
—Es una mujer muy ocupada, vas a tener que acostumbrarte a no verla tan seguido.
Últimamente, la doctora Jordan también se estaba quedando en la casa de los Núñez.
Como ya estaba mayor, había reducido drásticamente sus horas de consulta y ya no tenía la misma vitalidad de antes.
A Melisa no le daba confianza que viviera sola en su antigua farmacia, así que le pidió que se mudara con ellos.
Así, Catalina tendría una amiga y ambas señoras podrían platicar para no aburrirse.
Melisa tomó del brazo a la señora Del Ríos y dijo con una sonrisa:
—Hoy tengo el día libre. ¿Qué les parece si las llevo a dar la vuelta?
Quedarse encerradas todo el día en la casa no tenía chiste, así que ambas señoras aceptaron felices.
Melisa notó que Catalina traía el cabello un poco largo y maltratado, así que planeó llevarlas a la estética y de paso comprarles ropa que les quedara bien.
Sin embargo, la plaza de lujo de la que Melisa era dueña no vendía ropa para personas de la tercera edad, por lo que tendrían que ir a un centro comercial normal.
—Hoy de milagro no tengo nada qué hacer, así que las acompaño —dijo Mateo Núñez.
El hombre tan ocupado por fin tenía un rato libre y quería salir con su hermana.
Leopoldo se iba a quedar a jugar ajedrez y tomar café con un viejo amigo, así que no fue.
Al ver que eran bastantes, Melisa pidió que prepararan una camioneta discreta y todos se pusieron en marcha.
El centro comercial.
Era un lugar que combinaba restaurantes, tiendas y zonas de entretenimiento, muy popular entre la gente normal.
En días festivos siempre había eventos y estaba repleto de vida.
Melisa llevó a las dos señoras a una estética muy concurrida para que les lavaran el cabello, pero había fila.

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