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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 605

Mateo la tomó con algo de torpeza, imitó a Melisa para pelarla y se la metió a la boca.

La pulpa caliente y suave, con ese toque dulce tan característico, se deshizo en su lengua.

Un destello de sorpresa apareció en sus ojos.

—Están al nivel de cualquier plato de un chef con estrella Michelin —comentó, con un tono mucho más relajado de lo que él mismo notaba.

La señora del puesto, al escuchar a ese hombre tan elegante y serio alabar sus castañas, peló los dientes en una gran sonrisa:

—¡Ay, joven, qué exagerado! Solo es un antojito para pasar el rato.

Mateo aprovechó para pedirle dos bolsas más:

—Para llevárselas al abuelo.

Melisa sonrió al ver la ligera curva en los labios de su hermano.

Sabía perfectamente que lo que le faltaba a su mundo era un toque de vida cotidiana.

Como todavía faltaba un rato para que las señoras terminaran en la estética, los dos caminaron mientras comían.

Pasaron frente a un salón de maquinitas llenísimo de gente, de donde salían ruidos de videojuegos y risas de niños.

Mateo se quedó mirando las luces parpadeantes y a la multitud emocionada, con una curiosidad poco habitual en su expresión.

—¿Quieres entrar a checar? —le preguntó Melisa al adivinar lo que pensaba.

Mateo lo dudó un poco.

Ir a un salón de maquinitas definitivamente no figuraba entre las cosas que Mateo haría normalmente.

Ya estaba grande, y esos juegos para adolescentes no iban con él.

—Mejor no, me vería muy raro ahí adentro —dijo, rechazando la idea.

—Pero a mí sí me dan ganas de entrar un rato —dijo Melisa, sin darse cuenta de que estaba haciéndole un pequeño drama a Mateo—. ¿Me acompañas?

Mateo no pudo resistirse a sus súplicas y asintió de inmediato:

—Está bien, vamos a jugar.

Al entrar al local, el ruido y el ambiente frenético del lugar los envolvieron de inmediato.

Mateo frunció el ceño, un poco incómodo; no esperaba que fuera tan ruidoso.

Pero Melisa ya había cambiado los billetes por fichas y lo arrastraba emocionada para probar todos los juegos.

En realidad, ella tampoco había jugado mucho a esto.

Si acaso, recordaba algunas veces que sus hermanos la habían llevado antes de que Verónica Valdez regresara con los Serrano.

Pero esos recuerdos cada vez eran más borrosos.

Llegaron a la máquina de peluches.

Mateo miró los muñecos de felpa adentro y pensó que era algo demasiado infantil para su imagen, pero ante un «¡Qué lindo, lo quiero!» de Melisa, metió la ficha.

Por primera vez en su vida manejó la palanca.

Lástima que la garra bajó sin fuerza y no atrapó nada.

No se dio por vencido y lo intentó varias veces más, todas sin éxito.

Rápidamente, Mateo entendió el problema y frunció el ceño:

—La garra está aflojada a propósito. Esto es un vil volado de probabilidad.

Melisa no se sorprendió:

—Pues claro, así es como hacen negocio estos lugares.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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