—Bienvenidos al Resort Rubí. Soy Lisandro y seré su guía y encargado de itinerario durante los próximos días. Espero que el sol y la brisa de este lugar les hagan olvidar todas sus preocupaciones —se presentó el hombre, vestido con un uniforme caqui.
Su buen humor y amabilidad se ganaron al grupo al instante.
La tarde quedó libre. Algunos empleados se fueron a la alberca, otros agendaron masajes en el spa, y Teresa prefirió quedarse en su cuarto argumentando que se sentía mal.
Melisa, por su parte, decidió dar un paseo para conocer el terreno. Lisandro se ofreció a acompañarla y mostrarle la fauna y flora de los alrededores.
En todas las pantallas del resort se estaba reproduciendo el mismo comercial sobre conservación animal. La chica que aparecía en el video junto a la organización de rescate era ni más ni menos que Vera, a quien Melisa reconoció de inmediato.
Vera, vistiendo el uniforme de la reserva, sostenía en brazos a un cachorro de leopardo y le hablaba a la cámara con tono serio y justiciero sobre la importancia de proteger a los animales y cuidar el medio ambiente.
Melisa preguntó como si no le diera importancia:
—¿Ese es un video nuevo de alguna organización de rescate?
Lisandro asintió:
—Así es. Últimamente hay mucha actividad de grupos de protección en las reservas. Quieren grabar material para sus campañas y convencer a más personas de unirse a la causa de salvar a los animales. Son personas muy ricas y de gran corazón, ¿verdad?
Melisa esbozó una leve sonrisa:
—Sí, ojalá hubiera más gente dispuesta a invertir en algo así.
Mientras caminaban por el sendero junto al río, Lisandro le iba describiendo con pasión cada planta y cada ave que cruzaba su camino. Tenía un conocimiento impresionante y un amor profundo por esa tierra.
En medio de la plática, Melisa se enteró de que él vivía en una granja privada cerca del resort con su esposa y su hija de diez años.
—Mi hija Aria... —Al mencionarla, el rostro curtido de Lisandro se iluminó con ternura y orgullo—. Es una niña muy especial. Tiene un don natural para ganarse a los animales. Prácticamente convirtió nuestra casa en un pequeño refugio.
Melisa le preguntó con curiosidad:

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